martes, 17 de noviembre de 2009

Poemas...

Nada de lo que escribo últimamente se ha salido del influjo, de la sombra de Machado, León Félipe, Góngora y Quevedo. Por lo mismo que no domino a la perfección los recursos métricos, las cosas quedan algo por el estilo:

***

Hay noches en que la muerte

es tu mano desnuda.

Hay noches en que tu mano

es el centro de la lluvia.

Hay noches en que acaso

la luna es un recuerdo,

una remembranza turbia.

Hay noches en que debería

volver hacia tu voz muda.

Pero he perdido el camino.

Los pájaros comieron las migajas

en esta sinrazón de amargura.

Por aquí, gritará tu mirada,

por donde la realidad se fuga.

No sabré qué mirada me reclama.

Veré el rostro de la noche, su luz dura.


***

La niebla de mis ojos,

sangre de niebla cortada,

buscó en el horizonte

interior de las valvas

la luz que no existía,

la voz que no sonaba.

En el seno de la noche

golpeaba las aldabas.

La niebla de mis ojos,

vena de oscura luz agria,

pensó el licor de tus ojos

para marearse de calma.

Yo era solo solamente,

solamente solo buscaba

reposo para el cuchillo,

para la cabeza, almohada.

Pero sólo encontré espinas,

muertas criaturas y alas

de ángeles sin sonrisa

e imaginarias ventanas.

Y un nido de quimeras

mesándose las garras.

He aquí el infortunio,

la desdicha, el pavor, la llama

que quemó frente a mi lecho

carne, sangre, odio y alma.

Ya no busco, no pretendo.

Sólo queda la nada.

Este día es de noche

de la noche cortada.

Ya no busco, no pretendo.

Sólo queda la nada.

Bajo la luz del oropel

alguien soñaba.



***

Hoy la vela en el camino ya se apaga.

Hoy cierro y abro el corpiño de la muerte

por el que las memorias cierran los ojos y callan

que alguien pronuncia la sombra y las rasga.

Pero eso y muchas cosas son sólo circunstancia

de este viaje comenzado hace mil vidas.

Sólo son un contratiempo, efecto sin causa.

Que un día serán fuego, cenizas, nada.

Vendrá tu voz a decir verdades calladas.

Me llamará al final y al origen

de tu carne, isla tibia nunca visitada,

y al alivio y a la pena que guardas en el alma.

Están ahí ya sueltas las amarras.

Están ahí mi silueta y el anhelo

de ayer, de hoy y de mañana,

esperando a que digas: levántate y anda.

He ahí el lugar, el hombre y la llama

de un horizonte llamado imposible.

Hace tiempo, mucho tiempo, que esperaba

hallar la ruta a través del tiempo y la distancia.

Hoy sueñas de amor y de calma.

He ahí el derrotero, el hombre y la llama.

Encontraré tu puerto.

Depondré la espada.


Y no es justificación decir que las obligaciones de la Universidad hayan hecho que me perdiera el taller de métrica que impartió Mario Zetino en La Casa. Tengo que releer a Pasos -of course. En fin, la vida sigue...

Carpe diem...

2 comentarios:

Nancy dijo...

Me encanto leerte de nuevo.
Que estes bien

Alberto Quiñónez dijo...

Gracias, Nancy, por tu comentario y por la visita. Bueno, ahí tratando de escribir algo decente jejeje... Saludos