jueves, 31 de diciembre de 2009

La AEE

Ya había –creo- mencionado algo sobre la AEE por aquí mismo. El hecho es que a mediados de septiembre de este año, surgió la propuesta de crear un medio que permitiera fomentar el desarrollo académico y científico de los estudiantes de economía de la UES. Concretamente, la propuesta fue pensada por Edwar Lizama –compañero de la carrera- y tenía como eje una revista escrita por y para los estudiantes de economía.

Básicamente ése fue el proyecto para el cual empezamos a reunirnos (al principio más bien a platicarlo de manera bien informal, Edwar, Daris y yo). Luego se fue rodando la idea poco a poco entre los compañeros de los distintos años de la carrera, principalmente en tercero y cuarto año. En la presentación del documento “La difícil herencia para la construcción de un nuevo país” de FESPAD, tuve la oportunidad de conversar con Evelyn Martínez, compañera también de la carrera a quien conocía de algunas materias que habíamos llevado juntos –además de coincidir en algunas reuniones de la AEP (QDDG)- y con quien hacía ya tiempo no tenía contacto, debido a la ubicación de aulas que se les había asignado a los compañeros de quinto año –prácticamente estaban aislados en la Sala de Sesiones de la Escuela de Economía. Le conté en líneas generales del proyecto y, por su parte, ella me dijo que iniciativas similares ya se habían planteado en quinto año, luego del fallecimiento de la AEP. Acordamos una reunión en los próximos días, y que ella se encargaría de hacer la bulla entre sus compañeros. Y bueno, la reunión se llegó. En esa primera sesión se discutió sobre las limitaciones académicas que teníamos como estudiantes de la Facultad de Economía, sobre la necesidad de renovar el pensamiento crítico, científico y propositivo en la Universidad, sobre las falencias institucionales que han estancado el desarrollo de la facultad, etc. Se discutió sobre el proyecto de la revista, pero también se concluyó que el desarrollo científico y académico difícilmente podía alcanzarse por una misma vía.

Ello trajo que se acordara tener próximas reuniones para armar un proyecto más grande, más elaborado, más ambicioso en cierta manera, y que viene a retomar algunos de los lineamientos generales de la desaparecida AEP. Ese proyecto es el que se ha concretado en la Asociación de Estudiantes de Economía (AEE).

Poco a poco la idea fue madurando y se concretó como una organización estudiantil con fines exclusivamente académicos, en el marco de un pensamiento científico y crítico. Se excluyó la posibilidad de solicitar el reconocimiento institucional, aun con la limitante presupuestaria que ello significa, porque consideramos que más que cualquier cosa, será la práctica de la asociación lo que la definirá como organización estudiantil. Se excluyó, también, la vinculación partidaria con otras organizaciones estudiantiles de la Universidad puesto que ello puede derivar en desviar los objetivos de la asociación, sustituir el estudio y la investigación por una lucha de intereses político-partidarios al interior de la Universidad y, en consecuencia, incluir a la AEE en la larga y ya conocida lista de organizaciones estudiantiles espurias. Y digo espurias no por los fines que persigan, que al fin de cuentas podrán ser los mismos que uno tiene como estudiante, economista, persona de izquierda, etc.; sino por los medios, por las formas que utilizan para conseguirlos, y por la concepción que tienen también de los fines.

El mismo pequeño grupo que nos reunimos en la primera sesión, trabajó sobre las cuestiones organizacionales, elaborando la estructura de la asociación, una especie de estatutos y líneas generales que definieran a la asociación. Luego, se convocó a una reunión general de los estudiantes de economía para exponer el proyecto y ver quienes estaban interesados en formar parte de la asociación. Para ser francos, no hubo la percepción que esperábamos. El grupo, a lo sumo, llegó a unos 20 miembros. Y con ellos es con quienes se ha trabajado.

La AEE se definió con una estructura representativa –lo más posible-, que tiene como órgano de “dirección” un Comité Coordinador y como agentes operativos, seis comisiones con objetivos y tareas específicas. Estas comisiones son: Formación, Debates, Comunicaciones, Académica, Investigación, Vinculación Laboral.

La AEE se perfila como una asociación meramente estudiantil au contraire de la AEP. Hago el hincapié debido a que en opinión de varios compañeros que estuvieron participando en ese proyecto, manifestaron que una de las limitantes del mismo era el paternalismo y, en cierto modo, la dependencia y la supeditación que los estudiantes iban teniendo en torno a los docentes y al sector profesional.

Uno de los proyectos más fuertes que se están impulsando es el cambio curricular, de la mano de la comisión académica. De hecho, ya nos reunimos con Evelio Ruano, director de la Escuela de Economía de la FCCE, para exponer cada quien su propuesta. Me parece –y esto es a título personal- que la Escuela está tomando bastante a la ligera el proceso y, en cierta medida, no pretende dar mucho espacio a la participación estudiantil sino supeditada a los lineamientos del sector docente. Y no es que se trate de hacer cosas separadas o de querer imponer un proyecto; sino que todas las partes involucradas en un cambio tan importante deberían ser escuchadas y sus propuestas, tenidas en cuenta.

Un desarrollo académico en la Universidad no va a lograrse adaptando el deber al ser, o más bien, de excusar las limitantes de un proceso de cambio en cuestiones que bien podrían ser solucionadas por un simple cambio de voluntad. Una cosa, por ejemplo, es que no se cuente con personal docente cualificado en áreas como econometría, demografía económica, economía laboral o métodos cuantitativos de análisis; una cosas es eso, digo, y otra que no se generen –o no se intente generar siquiera- los procesos que permitan obtener el personal apto para dichas áreas. La propuesta que hemos elaborado desde la AEE, pretende en cierto modo sentar las bases “legales” que exijan la especialización y el desarrollo continuo de la planta docente.

Por otro lado, el pasado 27 de noviembre se llevó a cabo, como esfuerzo de la asociación, un foro titulado “Análisis del Anteproyecto de Reforma Fiscal”, y que trató sobre lo que uno se imaginaría al leer el nombre del foro, a menos que uno fuera Lawrence Durrell o André Bretón. La noticia del foro apareció en el Diario Colatino, aunque omitía que fue una iniciativa de la asociación (no encuentro el link). Los ponentes fueron Roberto Góchez, catedrático de la UCA (y quien nos ayudó en la elaboración de un trabajo sobre la competitividad de El Salvador, que hice junto a tres compañeros más, para Economía de los Factores) y Balmore López, catedrático de la UES. También se había invitado a Waldo Jiménez de ANEP, pero no pudo asistir debido a problemas de tiempo que los funcionarios de dicho gremio estaban teniendo a causa de la reforma misma (jejeje).

Y eso es la AEE por el momento. Ya habrán otras cosas este próximo año. El proyecto original de la revista no fue abandonado, ni por cerca. Sólo que ahora forma parte de un algo más grande. De hecho, se espera que el primer número pueda aparecer a principios del ciclo I-2010, pese a limitaciones financieras y de otro tipo.

PD: Feliz año nuevo a quienes pasan por acá.

martes, 29 de diciembre de 2009

El pensamiento económico del Che Guevara

A pesar de que el Che es una de las figuras más conocidas dentro de la izquierda latinoamericana y mundial, poco se conoce -de hecho, también poco se ha difundido hasta ahora- su pensamiento económico.

Bajo el título de Apuntes críticos a la economía política, Ocean Press y el Centro de Estudios Che Guevara, editaron una recopilación de escritos económicos del Che. Quien pretenda encontrar en la figura de Ernesto Guevara, al gran pensador, seguramente se verá decepcionado por este volumen. Igual decepción sufrirá quien, reparando en el título de Apuntes críticos…, quiera encontrar en éste la continuación, digamos, de El Capital, o de El Estado y la Revolución.

En estos escritos puede verse al Che revolucionario, al hombre comprometido, al investigador. Pero más bien puede verse a un hombre que duda, que a alguien que está seguro de sí mismo y de los caminos que debe seguir.

Sin embargo, la duda es el principio del que debería partir toda visión seria, crítica, del mundo. Y es por ello que la lectura y el análisis de los escritos económicos de Ernesto Guevara, el Che, se vuelven un imperativo en el marco del desarrollo científico de la economía desde una visión de izquierda.

Como señalé al principio, poco se conoce el pensamiento económico del Che, pero no quiere decir esto que no haya habido antes trabajos que intentaran explicar los aportes del pensamiento guevariano en el ámbito de la economía.

Sin embargo, la mayoría de estos trabajos se han limitado a describir someramente los componentes del pensamiento económico del Che. Merito aparte merece, creo, el trabajo de Santiago Ruiz, que divide los componentes del pensamiento del Che tomando como base el hecho de si toman ejes administrativos o económicos[1].

Digo que merece cierto merito porque es uno de los pocos trabajos referentes al Che, que lleva a cabo cierta abstracción sobre el pensamiento económico de éste. Y ¿qué si no la abstracción es lo que permite la sistematización y la ulterior aplicación de los principios económicos? En este sentido, el hecho de abstraer los cimientos principales sobre los que descansa el pensamiento del Che, resulta más importante que sólo describirlos, sobre todo ahora que los proyectos de izquierda parecen no sólo rezagados sino desfasados por completo.



El pensamiento económico del Che

A pesar de que el Che estuvo comprometido con la causa revolucionaria desde su juventud y, por tanto, con el estudio –o al menos con la comprensión marxista- de la economía, la muestra mejor de su análisis económico puede observarse en su paso por el Ministerio de Industrias de Cuba.

Un hecho importante es que el pensamiento de Guevara se va más bien formando en la confrontación de la teoría marxista-leninista y las experiencias de la Unión Soviética con la realidad de la sociedad cubana, en un momento en el que casi todos los caminos auguraban un salto al vacío.

Santiago Ruiz, en el trabajo ya citado, alude a una duplicidad interesante del pensamiento del Che en este período: el pensamiento administrativo y el pensamiento económico como tal. Pero Ruiz no explicita el porqué de esta duplicidad. Ahora bien, yo pienso en una duplicidad en orden a dos objetivos, dos momentos del pensamiento de Guevara. En primer lugar, la creación de una economía política del socialismo en general; en segundo, la formulación de la política económica específica para Cuba.

El comunismo y antes que él el socialismo, prefiguran la finalidad de la revolución cubana en aquel momento. Marx hablaba del establecimiento de la dictadura del proletariado como medio para llegar al comunismo, esta dictadura aboliría la propiedad privada y lucharía por el aseguramiento de un estado sin clases, a través de la destrucción de las reminiscencias de la burguesía tanto en la esfera de la conciencia como en el medio material. Pero esta lucha está condicionada por la existencia de clases sociales, es decir, por la existencia, primero, de la burguesía (o sus expresiones supraestructurales) y, segundo, por una jerarquía entre el proletariado, cuya cabeza es el partido obrero. En el momento en que la sociedad ha sustituido por completo los cimientos de la sociedad capitalista y ha creado nuevas relaciones de producción, el Estado como ente mediador entre clases, desaparece.

Es entonces que puede hablarse de comunismo. El período anterior, es decir, donde se han desarticulado casi en su totalidad los medios de apropiación capitalista pero que tiene aún presente la división social en clases, es el período socialista.

Sin embargo Marx, el gran teórico del pensamiento socialista, no llegó a profundizar mucho sobre este punto y más aún, no llegó a vislumbrar siquiera el período que Lenin llamaría período de construcción del socialismo. Lo que caracteriza este último es la formulación de políticas económicas que permitan el paso de la sociedad capitalista a la sociedad socialista, del azar del mercado a la planificación centralizada. Esta planificación existe también en el socialismo y en el comunismo –es decir, teóricamente- pero la diferencia entre dichos estadios es la existencia o ausencia de clases sociales.

Lo que diferencia la historia del capitalismo de la historia de los períodos que le suceden, es el hecho de que estos últimos se van creando conscientemente. Conciencia en dos sentidos: primero, del hecho de que el hombre puede crear una sociedad comunista. Segundo, del hecho de que debe crearla.

Cada una de las fases del período de creación consciente tienen una lógica propia y exigen, además, ciertos mecanismos que permitan la superación de sus contradicciones internas. El desentrañamiento de la lógica de cada período es tarea de la economía política, mientras que la creación de los mecanismos e instrumentos que permitan su desarrollo pertenece al campo de la política económica.

Esta duplicidad –lo dije antes- es la que a mi criterio puede servir mejor para analizar el pensamiento económico del Che, es decir, por una parte, la creación de la economía política de los períodos socialista y de construcción del socialismo; y, por otra, la formulación de la política económica específica para Cuba.




La Economía Política del Socialismo

La economía política, decía Marx, ha sido, hasta hoy, la explicación del funcionamiento de un determinado modo de producción: el modo de producción capitalista. Pero esta explicación no es posible aplicarla a otros modos de producción, puesto que en cada uno se modifica el carácter de la propiedad, las relaciones entre las clases y las fuerzas de producción existentes.

En el tránsito hacia el comunismo, la sociedad se enfrenta con un período de transición más o menos oscuro, donde subsisten reminiscencias de la sociedad que le ha precedido pero en el cual se van creando, poco a poco, las nuevas relaciones de producción. Este período es el socialismo. Aquí coexisten características de la sociedad capitalista y de la sociedad comunista, pero la sociedad socialista no es cualitativamente igual a las otras dos, pues es un híbrido. Luego, la economía política del capitalismo es incapaz de explicar las relaciones de producción que se van desarrollando en el socialismo, además de las contradicciones internas de éste. De ahí la necesidad de sistematizar los conocimientos adquiridos por la praxis y por la confrontación de la teoría marxista con la realidad. Según el Che, los economistas soviéticos no habían logrado dilucidar, a 45 años de socialismo, las leyes que regían el comportamiento de su sociedad.

Para el Che, la economía política debía poner en claro ciertas cosas muy puntuales: el papel que juegan, en la sociedad socialista, la ley del valor, los precios, la banca y el dinero. Además, debía eliminar las categorías capitalistas como instrumentos de análisis y sustituirlas por unas nuevas que expresaran el nuevo contenido de las relaciones de producción. Éste último punto obedecía también a la necesaria superación de los fetiches ideológicos burgueses enraizados en las categorías de análisis y denominación capitalistas (ganancia, plusvalía, rentabilidad, interés, explotación, etc.).

Un problema que se había dado en la práctica, tanto en Cuba como en el bloque socialista europeo, había sido el desarrollo contradictorio de los sectores de producción (agrícola e industrial). El desarrollo de estos sectores seguía las mismas vías que había recorrido en los países capitalistas desarrollados, sin la atenuante de que estos, durante su proceso de industrialización, habían contado con la oferta de materias primas y bienes primarios proveniente de los países capitalistas dependientes. El bloque socialista, al intensificar la industrialización, había descuidado el sector agrícola. La reiteración de esta problemática es la razón de que se formule como eje de análisis tanto en el nivel de la economía política como de la política económica. Sin embargo, los escritos del Che poco profundizan en la explicación de esta cuestión, aunque sientan una base para tratarla desde una posición crítica que logre superar los discursos panfletarios del socialismo europeo, el cual, obstruido en gran medida por las necesidades que implicaban la lucha político-ideológica contra el bloque capitalista, planteaban la inexistencia de ese tipo de contradicciones.

Otro punto importante para la nueva economía política debía ser el esclarecimiento de la cuestión a la que Trotski se referiría como la revolución permanente. O el hecho de que si era posible o no, la instauración de sistemas socialistas independientes, que no entraran en contradicción interna por el influjo capitalista a través de las relaciones internacionales. Particularmente, el Che parece –no lo dice abiertamente- ser partidario de esa revolución permanente: un proceso de establecimiento del socialismo a nivel mundial. Sus ideas sobre el internacionalismo proletario y las campañas guerrilleras en las que participó, abonan este punto.

Otra de las proposiciones en cuanto al análisis de la nueva economía política, es el estudio del papel que juega en una economía socialista o pre-socialista la planificación. El Che toca este punto en un doble sentido, que no supone, a pesar de ello, una ambigüedad: considera que debe estudiarse el fenómeno de la planificación para dar explicación al papel de ésta, pero a la vez da por hecho que la planificación es de por sí uno de los ejes más importantes –sino el más- en el proceso de construcción socialista. No cabe en ello contradicción, puesto que las cuestiones en torno al desempeño planificado de la economía no habían sido teorizadas de manera sistemática, eso por un lado. Por otro lado, la lógica que se desprende de la concepción marxista y de la aplicación de un modelo centralizado, coadyuvado por las necesidades objetivas de la humanidad, sitúan como punto indiscutible que la planificación debe ser uno de los puntos neurálgicos de una sociedad que busque el desarrollo humano integral y sustentable, por contraste a un sistema –como el capitalista- que se basa en la anarquía de los procesos de producción, distribución y consumo, la misma que configura su tendencia cíclica hacia la crisis.

Pero Guevara va más allá de sólo señalar la importancia de la planificación: la eleva a carácter de ley en el funcionamiento de la sociedad cuando ésta ha alcanzado la etapa socialista.

En la siguiente cita se constata la forma dual en la que el Che trata la cuestión de la planificación: “La economía política del período de transición falta totalmente. Esto puede ser sujeto a toda una serie de interpretaciones más o menos arbitrarias y nosotros llegamos a una conclusión de que hay una ley general en el socialismo. En estos períodos hay una ley general y esa ley es la de la Planificación, pero con una característica importante, al llegar el momento en que se produce la planificación, el hombre es por primera vez capaz de violentar leyes económicas e ir creándolas”[2].

Pero quizás el punto más importante es el concerniente al funcionamiento o no de la ley del valor, al papel de ésta y a los “motivos” que conducen el proceso productivo en la sociedad socialista.

En primer lugar, ¿a qué se refiere el funcionamiento de la ley del valor?[3] Se refiere a la eficiencia de un sistema de precios, basado en el valor-trabajo de las mercancías, en el marco de un intercambio mercantil. Esto reviste singular importancia en la medida en que el socialismo planteaba la propiedad centralizada de los medios de producción, y que por tanto, abolía la posibilidad de un intercambio de mercancías: los productos pasaban de una fábrica a otra –o de una industria a otra-, sin que mediara una relación monetaria, ni siquiera un intercambio de productos[4]. Esto es lo que cuestiona el funcionamiento de la ley del valor, además del hecho de que la producción no estaba orientada sólo sobre la base de los precios, sino también por la necesidad política, estratégica, etc. Es decir, el papel de la ley del valor no era ya la conducción del proceso de producción, como en el sistema capitalista. Por el contrario, la producción está determinada –regulada- por “la ley del desarrollo armónico, planificado, proporcional”[5].

Ello sin embargo, es cuestionable en la medida en que, tanto en Cuba como en muchos países del bloque socialista la Europa del Este, coexistían diferentes modos de propiedad, con el consecuente intercambio mercantil entre los distintos productores directos.

En realidad, y en esas condiciones, el socialismo no “destruye” la acción de la ley del valor, sino más bien la atenúa, sustituyendo su papel rector en el proceso productivo por la primacía de la planificación centralizada y colectiva.

Sin embargo, muchos de los países del ex bloque socialista habían dejado de lado la cuestión[6], dando como resultado que teóricamente la ley del valor se formulara en base a la escasez –o insuficiencia- de los medios de satisfacción de necesidades, y no precisamente por el hecho de que la producción, sea en condiciones de abundancia o de escasez, encierra valor por ser producto del trabajo[7]. En la práctica, esta el retorno a ciertas prácticas capitalistas y a ciertas conductas fuera de los propósitos del socialismo (carácter lucrativo de ciertas empresas, intercambio mercantil desigual, etc.)

En segundo lugar, la remuneración monetaria como incentivo a la producción condicionaba la existencia del fetichismo del dinero. Esta condición limitaba el desarrollo de la conciencia revolucionaria y configuraba una fuente de contradicción entre los objetivos económicos del socialismo –el aumento de la producción para la satisfacción de las necesidades humanas- y los objetivos culturales –la superación de las relaciones de poder y las formas de conciencia propias de las sociedades divididas en clases.

Por tanto, una de las cuestiones que debía esclarecer la nueva economía política era la forma de desarrollar ambas cosas a la vez.

Éste punto es uno de los más recurrentes en los escritos económicos del Che. La preocupación de las limitantes que pueden acarrear en el largo plazo el predominio de los incentivos materiales es una cuestión que no puede ser obviada, en la medida que atenta contra la realización del socialismo y del ser humano como persona.

Por último, dentro de los escritos económicos del Che, también ocupa un lugar de cierta importancia el papel que juegan la banca, el dinero y los precios en el modo de producción pre-socialista. En primer lugar, la discusión sobre el papel de la banca tiene como principales protagonistas a Marcelo Fernández Font y al Che mismo. La discusión parte de dos argumentos contrapuestos: el primero, Fernández Font, parte del hecho de que el sistema financiero –cuyo órgano rector es el Banco Central- es el agente activo en el proceso de canalización de recursos monetarios provenientes del ahorro hacia los proyectos productivos, principalmente los de inversión. Esta tesis asigna a la banca el mismo papel que juega bajo una sociedad capitalista, donde impera el régimen de propiedad privada y, por tanto, donde el ahorro proviene de agentes particulares. Por otro lado, la respuesta del Che asigna al Banco Central un papel secundario en el proceso de realización de la reproducción ampliada: su papel está supeditado al plan centralizado, al presupuesto nacional, donde su función es distribuir los recursos públicos –sociales-, o más bien “situarlos a disposición de los aparatos inversionistas correspondientes”[8]. Esa función es solamente de facilitador, en la medida en que el gobierno central –a través de los Ministerios de Hacienda y de Industrias- distribuye los recursos para la ejecución de cierto período entre los diferentes consolidados de empresas; los montos de esos recursos son depositados en cuentas del Banco Central, de donde van siendo extraídos, para su realización, por las empresas beneficiarias. La noción de “crédito” o “préstamo” es, por tanto, inoperante; excepto si existen “hechos económicos” con empresas o agentes que aún gravitan en el ámbito de un funcionamiento mercantil.

Lo mismo pasa con el dinero y con los precios, en la medida en que sólo son necesarios para efectos de la contabilización de las operaciones intra e inter industriales de las empresas estatales, pero que no tienen nada que ver con los procesos económicos de rentabilidad o maximización de las ganancias. Los precios, además, sólo sirven como referentes en cuanto los costos de las empresas y su relación con el sector externo.

Más allá de estas cuestiones, la relevancia que adquiere en orden a un tópico económico-político es por el hecho de que la discusión no sólo se limita al aspecto práctico, sino que tiene a la base los lineamientos teóricos que deberían sustentar al socialismo y a su fase de construcción, en el sentido de que tanto la banca, como el dinero y los precios, juegan un importante papel en su realización.

Sin embargo, casi nadie hizo algún caso a estos importantes señalamientos. El resultado fue, en principio, el parasitismo. Luego, la ineficiencia del modelo y, además, del sistema.




La Política Económica del Socialismo Cubano

La política económica a la que aspiraba el Che giraba en torno al Sistema Presupuestario de Financiamiento. Este sistema consistía en la centralización de las decisiones económicas de producción, de los factores y de los productos creados.

Esa centralización Guevara la ve como una necesidad, como un producto de las circunstancias y que está respaldada por la experiencia histórica de las corporaciones monopolistas del capitalismo.

Sin embargo, el sistema centralizado que el Che propone sólo adquiere significado a la luz de los objetivos que persigue, que son radicalmente distintos a los que mueven a las empresas transnacionales. En ese sentido, el uso de técnicas propias de los agentes económicos del capitalismo en una situación de tránsito hacia el socialismo, el Che lo describe como una apropiación para sí, de los conocimientos acumulados en el sistema de producción anterior, que representa un paso hacia delante en el proceso histórico de desarrollo de la humanidad[9].

El Sistema Presupuestario de Financiamiento representa una ruptura con los sistemas utilizados en otros países socialistas, basados en el Cálculo Económico. La diferencia entre ambos, Guevara la define como la existente entre un modelo de competencia perfecta y uno de monopolio.

Pero existen otros elementos que atañen a la política económica del socialismo que deben ser mencionados, aclarando que si el Sistema Presupuestario representa el eje, eso no significa que dichos elementos carezcan de importancia. La relación en dirección múltiple que existe entre todos estos componentes configura la dialéctica del proceso de transformación social. No podría haber un sistema de gestión centralizado si previamente no existen ciertas condiciones que lo posibiliten, pero también esas condiciones no pueden desarrollarse en un clima de relaciones económicas anárquicas.

Una de esas condiciones necesarias es la socialización de los medios de producción. La implementación de esta medida resulta casi obvia si partimos del hecho de que la Revolución Cubana se identificó plenamente con la ideología marxista. No lo es, sin embargo, si apelamos a las condiciones objetivas de Cuba, en la que no existía una conciencia de clase lo suficientemente desarrollada para aceptar el paso de las formas privadas de propiedad hacia formas colectivas. De hecho, en referencia al “repliegue” desde el socialismo hacia un capitalismo de Estado, como efecto de una desvinculación entre conciencia y condiciones objetivas, el Che rescata –en el artículo ya citado- una referencia de Lenin: “La causa consistía en que habíamos avanzado demasiado en nuestra ofensiva económica, en que no nos habíamos asegurado una base suficiente, en que las masas sentían lo que nosotros no supimos entonces formular de manera consciente”[10].

De nuevo aquí surge el doble sentido del proceso revolucionario: no se puede transformar la conciencia sin ir modificando paulatinamente las condiciones objetivas de desenvolvimiento de los individuos, pero estas condiciones no se pueden desarrollar sin que exista un mínimo grado de conciencia en las masas.

Para salvar este círculo vicioso, el Che propondría la ofensiva por ambos frentes[11]: por un lado, lo que ya se mencionaba, la socialización de los medios de producción, cuya gestión estará centralizada, en manos de los organismos de dirección del Estado.

Por otro lado, el desarrollo paulatino de la conciencia proletaria a través de programas de educación y de formación, orientada a elevar los conocimientos técnicos y políticos de toda la población.

Este segundo aspecto también se encarna en un componente más específico de la política económica: el paso gradual del estímulo material al estímulo moral y al material indirecto como incentivos fundamentales de la actividad productiva en la sociedad socialista.

La situación se plantea de este modo: en la sociedad capitalista, el trabajador vende su fuerza de trabajo como mercancía movido por una necesidad material objetiva, esa operación mercantil tendrá como contrapartida una remuneración, identificable en líneas generales con el estímulo material. Aunque, de hecho, el concepto que dentro de sus escritos el Che maneja como estímulo material se refiere a la remuneración suplementaria que recibe un obrero por desempeñar bien su trabajo tanto en términos cuantitativos –por el número de unidades producidas, por ejemplo- o cualitativos –por la calidad de las mercancías.

Ese tipo de estímulo lleva a una deshumanización progresiva del ser humano, ya que promueve el fetichismo de las formas petrificadas de las relaciones mercantiles: el dinero, la acumulación de valores de uso, etc. Es por tanto, un freno al desarrollo de la conciencia proletaria y, como tal, debe ser superada en orden a la creación del hombre nuevo y de la nueva sociedad. En palabras del Che, esto queda resumido de forma inmejorable: “El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy se pretende elevar a categoría de palanca de desarrollo, pero está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación. En estas condiciones, el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades productivas, ni se desarrolla él mismo como constructor consciente de la sociedad nueva”[12].

El mecanismo que el Che va definiendo poco a poco es la sustitución progresiva del estímulo material, primero, por un estímulo material indirecto, éste funcionaría de forma que como recompensa al desempeño excepcional del obrero, los órganos de dirección le “premien” con períodos de formación técnica, en los cuales no dejará de percibir una remuneración. Al terminar ese período de formación, el obrero, ahora con mayores conocimientos, estará en posibilidad de acceder a un puesto de trabajo cuya escala salarial sea mayor. El estímulo material es, pues, con este mecanismo, filtrado en un proceso formación técnica y elevación cultural para el obrero.

Sin embargo, en el largo plazo, el Che plantea que la abolición del estímulo material –ya sea directo o indirecto- es una necesidad ineludible para alcanzar el objetivo del socialismo.

Otro punto relevante es el establecimiento y la difusión del trabajo voluntario. Este aspecto cobra singular importancia en tanto que es un mecanismo que propende a la creación y al desarrollo de una nueva conciencia en las masas. Sin embargo, fuera de su importancia educacional, también tiene un peso económico importante: en un momento en que la economía cubana comienza a crear una base industrial, así como la reestructuración de todos los sectores económicos, se adolece de grandes limitaciones en la productividad de la fuerza de trabajo y combinada con una oferta escasa de trabajadores calificados y una asignación ineficiente de los existentes.

En ese escenario, se volvía imperativo implementar un mecanismo que permitiera echar mano de toda la fuerza de trabajo disponible, de manera extensiva, de forma que pudiera ampliarse la oferta de trabajo global, distribuyéndola en sectores estratégicos o en aquellos en los que más hacía falta.

Ciertamente como lo decía más arriba, no es posible limitar el trabajo voluntario hacia la consecución de objetivos puramente económicos. Hay detrás de él un objetivo educativo y que no puede separársele sin el riesgo de tergiversar o, más bien, de parcializar el análisis. Ello nos podría llevar a conclusiones equivocadas y derivar hacia planteamientos que ya muchos han expuesto antes, y cuya falencia es considerar los períodos de transición y de transformación sistémica como períodos determinados únicamente por las transformaciones ocurridas a nivel de la base económica. Otro error podría manifestarse en creer que el socialismo puede construirse a través de la transformación parcializada de ciertas áreas de la realidad objetiva, dejando de fuera el ligamen dialéctico entre las distintas esferas de la praxis social, como elementos parciales, y la sociedad, como expresión totalizante.

Otros componentes que integran el aspecto político económico del pensamiento guevarista son la humanización de la producción, mediante la reducción de la jornada laboral y una remuneración justa para el obrero; y el fomento de un intercambio equitativo entre los países socialistas, en orden a desarrollar la conciencia y la moral comunista bajo la premisa del internacionalismo proletario.




La lógica y la dialéctica del pensamiento económico guevarista

Tanto el pensamiento del Che como su práctica se enmarcan en la lógica de los principios revolucionarios, esto es: la lucha para el establecimiento de la sociedad socialista, que significa la supresión de las relaciones de explotación entre los seres humanos a través de la disolución de la propiedad privada. Pero ese objetivo está obviamente ligado a medios específicos que permitan su realización. Ese ligamen tiene un carácter biunívoco desde el momento en que los medios se presentan como necesidades para el logro de los fines, pero que sólo revisten importancia en la medida en que los fines existen.

Más allá de eso, también está la cuestión del carácter especial del fin revolucionario: la liberación del hombre. Y de ahí nace una matización importante: no puede partirse de una aplicación pragmática de los medios para lograr dicho objetivo. No puede aplicarse una premisa del tipo “el fin justifica los medios”, porque esos medios van configurando la realidad objetiva de los sujetos del proyecto socialista, es decir, de las mayorías populares.

Esa relación en doble vía se transmite a las formas en las que se concretizan los medios y los fines, es decir, en la política económica y en la economía política.

Hay, pues, una cuestión dialéctica entre la economía política y la política económica, entre la teoría y la praxis: el desarrollo de uno sólo cobra sentido por el desarrollo del otro; pero ambos están condicionados por una relación de mutua determinación. No puede desarrollarse una economía política que explique y teorice sobre cuestiones que no existen, ni es posible tampoco realizar una práctica revolucionaria si no se sabe en qué consiste lo revolucionario, cuáles son sus objetivos, los sujetos o los agentes sobre los que recaen esos objetivos, etc.

De ahí que la economía política del socialismo y la política económica para lograrlo, sean dos frentes sobre los que debe trabajarse paralelamente, adaptando los adelantos de uno a la lógica del otro, y viceversa.

Es en esto donde subyace la íntima relación entre los dos componentes del pensamiento económico del Che y por lo que no puede entenderse cada uno de ellos aisladamente. De ahí que la explicación de uno de los componentes exija la explicación del otro.

Por eso he descrito dichos componentes en los apartados anteriores, de forma separada pero resaltando que la interrelación entre ambos no puede obviarse.

Ahora bien, intentado ir más allá, es necesario abstraer el eje sobre el que giran los escritos económicos del Che Guevara. En este sentido, dicho eje puede identificarse no como una explicación científica del funcionamiento del socialismo –o de la fase de transición hacia él- ni de los medios precisos para alcanzarlo; sino más bien como un ejercicio de contraste entre los problemas de la realidad objetiva y de los lineamientos que a su vez aportaron Marx y Lenin –amen de otros teóricos importantes. Dicho contraste parte de un principio enraizado en los mismos cimientos de la teoría marxista: la dialéctica del desarrollo social y el posicionamiento crítico.

Por un lado, la dialéctica del desarrollo de la sociedad capitalista ha creado nuevas condiciones que ni Marx ni Lenin alcanzaron a ver, lo mismo en el caso de la construcción del socialismo. Por otro lado, el posicionamiento crítico, es a la vez la formulación de críticas externas –contra las contradicciones del sistema capitalista- y de críticas internas –en torno a la efectividad y la falibilidad de los mecanismos hasta entonces implementados por los países socialistas de Europa[13].

La última de ellas, la crítica interna, es lo que a mi juicio reviste mayor importancia en este caso, puesto que representa un intento de superación de los dogmatismos en los que cayo el sistema soviético, y que hacían ver la realidad objetiva como un equilibrio estático, y no como un “equilibrio móvil”, propio de la concepción marxista.

Los planteamientos críticos del Che –fuera de un rigor científico más o menos discutible- vienen a revitalizar los procesos de autocrítica que habían quedado en el olvido. Son planteamientos de crítica desde y para la izquierda, y no contra ella. Y por tanto, configuran el eslabón necesario e insalvable del proceso de tesis-antítesis-síntesis, en el que se fundamenta la fortaleza de la concepción marxista.

Puede considerarse la tesis como los planteamientos marxistas tradicionales, incluyendo la teorización del período soviético. En ese caso, el planteamiento del Che podría considerarse como la antítesis, como el cuestionamiento sobre la base de nuevas condiciones en la realidad objetiva. Hace falta pues la síntesis, que no se ha elaborado todavía, pero que resulta de inobjetable importancia. Es hora de buscarla.




Conclusiones

- En el momento actual, el predominio de la política y la economía capitalista, reviste de imposibilidad todo intento de explicar el funcionamiento de alternativas de carácter socialista. Ello en tanto que no puede teorizarse sobre aspectos inexistentes, sin el riesgo de caer en la elaboración de meras hipótesis y elucubraciones que no representarían más que un ejercicio literario o académico.

- Sin embargo, el escenario de crisis sistémica que se presenta en el entorno económico y político –amen de las crisis ideológica y ecológica- mundial, crea las posibilidades para la realización de alternativas políticas, económicas y culturales, cuyo eje sea el beneficio de las mayorías populares.

- En consecuencia, el conocimiento de las corrientes teóricas y prácticas alternas al capitalismo se vuelve una necesidad. Dentro de estas corrientes se encuentra la propuesta socialista.

- Los planteamientos del Che Guevara son uno de los aportes que más podrían contribuir a desmitificar las concepciones deterministas sobre el hombre y el mundo, y cuyas premisas permitirían rescatar los principios fundamentales del marxismo, tan tergiversado a lo largo de la historia. Esos planteamientos bien podrían recogerse, sopesados a su vez por el arma de la crítica revolucionaria, en orden a elaborar guías estratégicas que permitan crear alternativas de carácter humanizante y sustentable.

- La interrelación existente entre los distintos aspectos de la política económica que el Che planteó, muestra claramente que el socialismo no puede construirse a través de transformaciones aisladas en las distintas esferas de la praxis humana. Por el contrario, el socialismo se plantea como una transformación radical e integral del aparataje sistémico, que no puede identificarse como la suma mecánica de las transformaciones parciales, sino como un cambio que considere los efectos dinámicos de determinación entre las partes, que son multidireccionales, y entre las partes y el todo, cuya relación es biunívoca.

- También es necesario tener en cuenta que sobre esas relaciones pesa el carácter histórico de condiciones que podrían resaltar o menoscabar los efectos codeterminantes entre las partes y el todo, pero que no pueden hacerlas desaparecer por completo.

- Más que un aporte científico elaborado por completo, la obra económica del Che se perfila como una fuente de señalamientos importantes que no pueden dejarse de lado. Esto en la medida que su punto de partida es la concepción dialéctica de la sociedad, alejándose así de los dogmatismos que habían aquejado a las propuestas soviéticas, y mostrándonos que el camino a seguir es la contrastación entre teoría y praxis.

- Por último, más allá de sus escritos, la vida del Che representa talvez es el ejemplo más sobresaliente del ideal de la lucha revolucionaria. Su vida, apegada en todo momento y en toda circunstancia a los valores revolucionarios, es el testimonio de que la creación de un hombre nuevo y de un nuevo mundo son objetivos posibles. Talvez mucho más acá de lo que nos imaginamos.




Bibliografía

- Guevara, Ernesto. Apuntes críticos a la economía política. Ocean Press.

- Guevara, Ernesto. El socialismo y el hombre en Cuba.

- Guevara, Ernesto, et al. El gran debate sobre la economía en Cuba. Ocean Press.

- Ruiz, Santiago. El pensamiento económico del Dr. Ernesto (Che) Guevara.

- Taibo II, Paco Ignacio. Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Editorial Planeta. 1997.



[1] Ruiz, Santiago. El pensamiento económico del Dr. Ernesto (Che) Guevara. 2002.

[2] Guevara, Ernesto. Versión de acta inédita 2 de octubre de 1964; en Apuntes críticos a la Economía Política, Anexo 2: Selección de actas de reuniones efectuadas en el Ministerio de Industrias. Ocean Press.

[3] En una serie de pequeños artículos publicados entre 1963-1964, el Che y otras personalidades del ámbito económico de la Cuba revolucionaria, dieron vida a una polémica sobre el funcionamiento de la ley del valor, entre otras cosas. Esta polémica sería llamada después “el gran debate”. La mayoría de esos artículos han sido recopilados y publicados por Ocean Press y el Centro de Estudios Che Guevara, con el título de El Gran Debate Sobre la Economía en Cuba.

[4] La principal polémica se origina en torno al Che Guevara (Sobre la concepción del valor), Alberto Mora (En torno a la cuestión del funcionamiento de la ley del valor en la economía cubana en los actuales momentos), y Miguel Cossío (Contribución al debate sobre la ley del valor). Los tres artículos se encuentran en El Gran Debate… Ocean Press, 2006.

[5] Cossío, Miguel. Contribución al debate sobre la ley del valor.

[6]A partir de 1930, por un largo período (que duró hasta el final de la II Guerra Mundial), esta cuestión del funcionamiento de la ley del valor no fue tratada más. Durante este tiempo predominó el criterio de que la cuestión del valor no era pertinente de tratar, como problema, en la construcción del socialismo. Esto, en cuanto a la discusión teórica, puesto que, prácticamente, todo el mundo siguió calculando precios y los planes que elaboraba GOSPLAN, calculaban todos los factores de rentabilidad y precios”. Mora, Alberto. En torno a la cuestión del funcionamiento de la ley del valor en la economía cubana en los actuales momentos.

[7] Mora defiende, de hecho, una posición basada en la definición del valor como una relación-insuficiencia. Cita, para justificarla, algunos economistas rusos (Novozhilov, Nemchinov, Kantorovich, etc.); y señala, además, que dicha concepción nada tiene que ver con las teorías subjetivistas (la escuela marginalista, principalmente). Por otro lado, el Che trata de apegarse a la teoría marxista del valor-trabajo al decir que “podría acercarse más a la realidad la idea de que la relación necesidad-recursos está implícita en el concepto de valor, lo que parece lógico, ya que esta fórmula puede intercambiarse por la de oferta-demanda existente en el mercado y que constituye uno de los eslabones en el funcionamiento de la ley del valor o de la relación valor”; Guevara, Ernesto. Sobre la concepción del valor.

[8] Ernesto, Guevara. La banca, el crédito y el socialismo.

[9] “Las formas de conducción de la economía, como aspecto tecnológico de la cuestión, deben tomarse de donde estén más desarrolladas y puedan ser adaptadas a la nueva sociedad. La tecnología de la petroquímica del campo imperialista puede ser utilizada por el campo socialista sin temor de contagio de la ideología burguesa. En la rama económica (en todo los referente a normas técnicas de dirección y control de la producción) sucede lo mismo”. Guevara, Ernesto. Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento.

[10] Lenin, V. I. Problemas de la edificación del socialismo y del comunismo en la URSS. Citado por el Che, en Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento.

[11] A causa de esa relación, todos los componentes de la política económica tienen su contraparte en la política de educación, y no pueden ser separadas la una de la otra sin romper el marco que podría posibilitar la creación de la nueva sociedad: “Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.” Guevara, Ernesto. El Socialismo y el Hombre en Cuba.

[12] Guevara, Ernesto. A modo de prólogo. “Algunas reflexiones sobre la transición socialista”; el cual es un fragmento de una carta que el Che le dirigiría a Fidel, en abril de 1965, y que fue incluida a modo de prólogo, en el volumen Apuntes críticos a la Economía Política. Ocean Press. 2006.

[13] En torno al debate sobre las críticas internas y externas, puede verse: Gorz, André. Historia y Enajenación. Fondo de Cultura Económica. 1974.

Conectado otra vez con el mundo...

Bueno, aprovecho que vengo al ciber para actualizar mi blog, responder correos atrasados y visitar las páginas de los amigos, descargar música, etc. Sí, después de hibernar dos semanas y de pasar leyendo y releyendo a Gorz, a Gujarati, a Martínez Peinado y Vidal Villa, a Quevedo y a Camus, vengo a actualizarme de lo que pasa en el mundo exterior y sectores conexos. Leo con alegría que Rafa ya está en casa de nuevo y que todo va bien, que ya pasó navidad, que ya están las notas de Economía Ecológica, etc.
Después de lo último que escribí por acá, vinieron las tres semanas más pesadas de todo el ciclo, y podría decirse que de todo el año. El trabajo de Economía de los Factores me consumió casi todo ese tiempo, aunque fue una buena experiencia: un estudio de la competitividad de la manufactura salvadoreña desde un enfoque marxista. Eso de construir las bases de datos con las categorías marxistas -las de Shaikh, de hecho- fue díficil y entretenido. Después de la defensa de dicho trabajo -segunda semana de Enero- subiré algunas cosas por acá, aunque los gráficos siempre son un problema.
En Economía Ecológica el trabajo fue la construcción de un índice de situación ambiental municipal. Más que todo, la metodología fue la parte de ganancia del trabajo, lastimosamente no pudimos llevarlo tan a fondo en cuestiones económicas y se quedó en líneas generales de política económica.
Por el momento estoy trabajando en alguna cosa sobre la migración, una visión económica de la misma. Esto implica pelearse con Heckscher, Ohlin, Samuelson y seguidores.
Parentesis: Samuelson, de hecho, murió hace dos semanas, después de toda una vida dedicada a hacerle daño al mundo y a la economía. Pero aja, pobrecito. La noticia está aquí.
Pues sí: me parece que para estudiar el fenómeno de la migración desde una visión económica falta crear el sustento teórico que explique el fenómeno y no atenerse a los modelos tradicionales. La aplicacción que hace Mundell del modelo Heckscher-Ohlin-Samuelson me parece equivocada, principalmente por el parádigma de equilibrio en los mercados de bienes y de trabajo en el largo plazo.
A la vez, trabajamos con Daris Argueta -compañero de la carrera de economía- en un pequeño estudio sobre la seguridad alimentaria.
Le estoy dando un poco de revisión a escritos acumulados a lo largo de todo el año. Cosas con rima asonante de las que ya adelanté un poco y otras cosas que pululan entre los cuadernos de economía. Terminé -por fin- de leer la correspondencia Miller-Durrell, tal vez el libro más aburrido que leí este año, sólo comparable con el libro de Michael Porter. Sí, debo confesarlo la Ventaja Competitiva de las Naciones me aburrió. Porter redunda demasiado y tiene una pésima redacción -al igual que Menger, jejeje.
Terminé, también, de revisar un pequeño ensayo cuyas primeras ideas empecé por esta misma época el año pasado. Es un ensayo sobre el pensamiento económico del Che Guevara. Lo subo a continuación de este blog.
Bueno, es el informe por el momento. Saludos.