jueves, 4 de febrero de 2010

Haití...

El 12 de enero del presente, como todos saben -y si no sé saben, qué cabrón-, un terremoto de 7. y algo destruyó -casi literalmente-, el occidente de la que fuera la isla de La Española, y lo que hoy conocemos como Haití, el país más pobre de América Latina. Los daños materiales son incalculabes, cuanto más los humanos. ¿Qué quiere decir 200 mil muertos, si olvidamos la historia individual de cada uno de ellos?
Creo que es suficiente de políticas hipócritas de parte de Estados Unidos, Francia y la ONU...
A propósito de esa situación, empecé a buscar información sobre Haití con el objetivo de profundizar en las determinantes de la precariedad en la que vive su población, a través de una investigación más o menos formal. Espero poder presentar por acá los resultados de esa investigación -general y modesta, por otro lado-, antes de que comiencen las clases.
Ya antes trabajé cuestiones relacionadas con Haití. De hecho, cuando cursaba Macroeconomía I realicé, junto a Alex Portillo -compañero de la carrera-, una evaluación macroeconómica de Haití y una comparación con El Salvador. Subí ese trabajo a un blog independiente pero acabo de revisar el link y la página caducó o algo así. Por ello pongo a continuación las cosas más sobresalientes de dicho trabajo. ¿Diré lo que pienso de él? Sí, porque quiero.
Lo primero es que me emocionó volver a leerme, después de tanto tiempo y trabajo. A pesar de que para entonces apenas empezaba a gustarme la carrera, fue un trabajo que valió la pena. No tenía muy clara la relación de dependencia estructural internacional, ni cómo hacer un estudio con enfoque económico político y, sin embargo, algo de eso tiene el trabajo. Peca de esquemático, de superficial, de disperso. En aquel momento no habríamos podido llegar a más. Hoy sí. No obstante, los celos me impiden adelantar los hallazgos de lo que trabajo actualmente. Como dije, a continuación algunos fragmentos de la evaluación macroeconómica, realizada a mediados de 2007 (he llamado al trabajo A chaotic harmony, espero que Alex me perdone el atrevimiento, en función de los resultados).


A chaotic harmony

Alberto Quiñónez

Alexander Portillo

Julio de 2007

  1. Introducción

En un artículo que carga ya con bastantes años a la espalda, y refiriéndose a los modelos de desarrollo económico y el desafío de las naciones latinoamericanas, Frances O’Gorman, desde una perspectiva histórico-estructuralista, señala: “El subdesarrollo tiene sus raíces históricas en las estructuras de la dependencia social, cultural, económica, política, y en los esquemas neocoloniales de dominación económica”. Atendiendo a esto, no es extraño encontrar que Haití, una nación cuyo rasgo histórico primordial es la dependencia económica y política, se encuentre, en el momento actual, en el extremo inferior de las estadísticas de crecimiento del continente americano.

Desde su independencia, hace ya 203 años, la tendencia del desarrollo y del crecimiento ha estado –en el largo plazo- siempre orientado a la baja. Luego de haber sido una de las más prosperas naciones de la región caribeña, Haití se encuentra al rezago del continente en materia económica.

La reciente institución de un sistema democrático explica, en opinión de muchos, el franco retraso económico y el bajo nivel de vida del grueso de la población. Sin embargo, las condiciones promedio del país no han mejorado de manera considerable desde el inicio de la democratización, hace ya casi 18 años. Altas tasas de mortalidad, de desnutrición y de personas infectadas con el VIH/SIDA, conforman algunas de las preocupantes estadísticas del país; agravado por un clima de inestabilidad política que le ha significado una merma de la cooperación internacional.

Aunque el período analizado es relativamente corto, basta para observar la cada vez más preocupante situación. Situación desde la que se quiere apalancar un nuevo futuro para el país más pobre de América Latina. El análisis es mayormente descriptivo.


2. Desempeño de la economía haitiana, según los balances preliminares de CEPAL

There seemed a certainty in degradation

T. E. Lawrence (The seven pilars of wisdom, CII)

El franco retroceso en casi todos los sectores productivos, hacia 2001, se vio agravado por un panorama político incierto y por la desaceleración de la economía estadounidense. La frágil inserción del país en un mercado mundial que encara ominosas perspectivas, la posible reducción de las remesas a consecuencia del deterioro de la economía estadounidense, así como una situación política interna de gran inestabilidad configuran un panorama poco promisorio en el año 2002.

Mientras los ingresos fiscales acusaron una reducción del 12% en términos reales, los gastos se contrajeron 9%.

Las autoridades monetarias acentuaron las medidas de control de la liquidez. En junio elevaron a 31% el coeficiente de encaje legal y modificaron la forma de constitución de dichas reservas.

El saldo de la oferta monetaria a septiembre de 2001 se incrementó 4% en términos reales, debido a la fuerte ampliación del crédito del sistema bancario al gobierno (15%), mientras que el destinado al sector privado se redujo 18%.

Las inversiones retrocedieron (-2.5%) debido a que el retraimiento del sector público no fue compensado por el sector privado, el cual prefirió seguir a la espera de señales más alentadoras de la coyuntura política, a lo que se agregó la vigencia de elevadas tasas de interés (28% en gourdes y 15% en dólares).

Para 2002, el aumento de las remesas evitó un perjuicio mayor en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Al cierre del año fiscal, las reservas internacionales netas cubrían menos de dos meses de importación. Las exportaciones cayeron 11.5% a pesar de un repunte del comercio de mangos (63%).La deprimida demanda estadounidense afectó a la industria maquiladora, que registró una baja de 8%. En tanto, las importaciones declinaron 7% por el menor crecimiento de la economía y la fuerte devaluación.

Ante la fuerte contracción de la economía se relajó la política monetaria; la tasa de interés sobre los bonos del Banco Central (bonos BRH a 91 días) se redujo 11 puntos porcentuales entre el inicio y el final del año fiscal (de 21.1% a 10.2%) y la masa monetaria M1 aumentó en 11%.Si bien la política aplicada a los bonos permitió al gobierno abaratar su financiamiento, no tuvo mayores repercusiones sobre la reactivación y la tasa de interés real activa (16.5%), siguió un curso alcista. El crédito al sector privado creció en 5%, mientras que el del sector público lo hizo en

16%. El poder adquisitivo siguió su deterioro y el salario mínimo real mostró una merma del 8% respecto al año anterior. La devaluación acelerada de la gourde durante los últimos meses de 2002 podría repercutir en un mayor ritmo de inflación.

Al cierre del 2003, los resultados obtenidos fueron alentadores, si bien perduran tanto los determinantes estructurales como los coyunturales de la orientación recesiva de la economía haitiana. Los principales sectores productivos tuvieron un desempeño modesto. La actividad agrícola registró cierta recuperación (2%), después de la fuerte caída del año anterior, gracias a factores climáticos favorables, en tanto la mayoría de los demás sectores tendió al estancamiento. La fuerte alza (130%) de los precios internos de los derivados de hidrocarburos en enero-febrero permitió reducir los subsidios públicos y mejorar los ingresos fiscales. Nuevamente las remesas fueron un aporte sustancial que permitió mitigar los efectos perjudiciales del proceso inflacionario en el consumo.

En 2004, la economía de Haití evolucionó en un contexto de convulsión política y social que provocó la renuncia del Presidente el 29 de febrero, el despliegue de una fuerza multinacional en el país, la formación de un gobierno de transición y el inicio, en el mes de junio, de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

Los impactos de los desastres naturales de septiembre y mayo aún no se han evaluado plenamente y es probable que tengan una marcada influencia negativa. Asimismo, es preocupante la violencia, que prevalece sobre todo en la ciudad capital y pone en riesgo el frágil equilibrio político e institucional, la ejecución de los programas económicos y sociales y la realización de elecciones (legislativas, municipales y presidenciales) en el próximo año.

La abundancia relativa de divisas provenientes de las remesas explica, en gran medida, el fortalecimiento de la gourde. El Banco Central aprovechó la apreciación de la gourde para reconstituir sus reservas y compró, entre abril y septiembre, divisas por cerca de 100 millones de dólares.

Los magros aportes externos y, sobre todo, las intervenciones de compra de divisas del Banco Central permitieron una cierta reconstitución de las reservas internacionales netas (incluido el encaje en divisas de los bancos comerciales) que, al cierre del ejercicio, representaban 42 días de importación.


5. Análisis de la economía haitiana
    1. La terrain vague

Para el año 2001, ya el balance preliminar de la CEPAL para Haití, sentenciaba: el desempeño económico era inquietante por tercer año consecutivo. Todos los sectores tuvieron un retroceso en sus tasas de producción, y la gourde –moneda nacional de Haití- se deprecio en 21.7% frente al dólar. La débil y tibia participación en el mercado internacional y las expectativas de una disminución de las remesas por la recesión norteamericana intervino notablemente en la acentuación del menoscabo de la gourde.

La frágil estabilidad política y la vigencia de altas tasas de interés, influyó en la pérdida de confianza de los inversionistas y el retiramiento de capitales, e hizo caer la inversión total en 2.5%: el retraimiento del sector público, originado por la falta de financiamiento externo, no fue compensado por el sector privado.

También perdió terreno el consumo, en uno por ciento con respecto al año anterior, debido a la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos reales y a una reducción -pequeña, si; pero reducción al fin de cuentas- en el total de remesas percibidas.

La agricultura fue el único sector que preveía mejoras como resultado de factores climáticos favorables, pero la prosperidad relativa que se esperaba y a la que se asociaba la tercera parte del producto total, fue sólo una efímera faceta de una economía en decadencia.

En 2002, con los precios de los hidrocarburos congelados, aun cuando el poder adquisitivo de la gourde caía en picada a la par de los salarios reales, los egresos de capital destinados como subsidios coadyuvaron al incremento del déficit del gobierno central en 8%. Resultado desalentador, si se considera que los ingresos públicos provenientes de la percepción aduanera y la tributación indirecta aumentaron en un 13%.

Debido a la crisis política, el financiamiento exterior por parte de organismos internacionales –el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial- fue suprimido casi por completo. Sin embargo, las restricciones financieras externas eran un fenómeno que ya se cargaba desde algún tiempo atrás y explica, en cierta medida, la caída de las inversiones públicas en 2001.

La tasa de inflación se elevó a 10.1%, deteriorando el poder de compra –nuevamente-, y presionando a la baja los salarios reales –nuevamente, también.

Aun cuando el interés sobre los bonos del Banco Central descendió casi 11 puntos porcentuales, la inversión privada no se reactivó al nivel esperado. Aun más: las importaciones declinaron en 7%. El sector industrial, bastante pobre en su desempeño (2% del PIB), logró crecer casi un tres por ciento. Superando en alguna medida las dificultades que le significó la recesión de su principal socio comercial: Estados Unidos. De hecho, el producto más demandado por Estados Unidos, el producto de la industria maquila, decreció en un 8% con respecto al año anterior. Al vaivén de las necesidades de un solo comprador, no se prevé que pueda haber una sostenibilidad del nivel de crecimiento industrial, dado la fragilidad del rubro maquila. Ante esta situación, la Cámara Haitiana de Comercio presentó, en octubre de 2002, ante el Congreso de EUA, una iniciativa para lograr un trato preferencial en materia textil, lo cual podría significar un panorama más promisorio para la industria haitiana y para la economía en general.

Todos los sectores de la producción vieron disminuir sus exportaciones. Las cuales disminuyeron, globalmente, en casi doce por ciento. Sólo un producto salvó dicha tendencia: el mango.


    1. Lo constante

Después del ejercicio fiscal de 2003, las estadísticas sobre el exiguo crecimiento del PIB –entre el 0.4 y 0.7 por ciento- representaron el bastión de la perspectiva de un cambio significativo en el rumbo de la economía haitiana, sobre todo entre el sector oficial.

Pero las estadísticas y la historia son irremisiblemente crueles, como veremos más adelante.

En primer lugar, aun cuando el PIB total a precios constantes aumentase, los indicadores básicos de distribución y disponibilidad de recursos, como el PIB per capita, tuvieron una disminución al menos notable (-1.4% con respecto a 2002). En contraparte, el IPC presentó la tasa más alta de crecimiento del período 2001-2004 (39.3%); y el índice de relación de precios de intercambio tuvo el valor más bajo (94.2).

La reanudación del financiamiento externo por parte del BID, fue, para muchos, una señal, de la progresiva integración de los demás instituciones financieras internacionales a la cooperación por el crecimiento y la recuperación económica de Haití. Sin embargo, ningún otro organismo puso a disposición los recursos financieros que las autoridades haitianas esperaban.

El desempeño de los sectores productivos mostró un saldo positivo. Las exportaciones y las importaciones se recuperaron (12.4 y 7.5 por ciento, respectivamente). Pero la demanda interna “mostró una dinámica moderada”.

El monto total de las remesas (744 millones de dólares) enderezó, más o menos, la inestabilidad de la economía haitiana en su conjunto y, sobre todo, constituyó una fuente de divisas en un entorno de escaso financiamiento exterior.

El voluble entorno político que perduró durante todo el año, siguió siendo determinante a la hora de influir las inversiones. Y -en segundo lugar- repercutió de manera concomitante sobre el devenir inmediato: la cúspide de la crisis política moderna haitiana.

La caótica situación reinante por casi media década tocó a su punto máximo –por así decirlo- el 29 de febrero de 2004; cuando el presidente Jean-Betrand Aristide, depuso, en medio de un clima de violencia y brutalidad de calle y hervor político alarmante, la silla presidencial ganada cuatro años antes con el 91% de los votos. Este ambiente caótico también se integró de desastres naturales ocurridos en mayo y septiembre de ese año. La poca estabilidad de la economía condujo a una declinación total de la inversión en 3%, acompañada de una merma de 5% en el consumo, con todo y que las remesas aumentaron, lo cual, hasta cierto punto, amortiguó el deterioro del poder adquisitivo.

El gobierno de transición se orientó a buscar una estabilidad macroeconómica, al menos en el corto plazo. Contrajo los gastos de administración pública, mantuvo una política monetaria restrictiva y aumentó los salarios de los empleados públicos en un promedio de 33%.

La actividad económica sufrió, en términos generales, una paralización casi completa en los meses de febrero y marzo, debido al desorden e inestabilidad del entorno económico-social y político. Se paralizó la actividad pública y muchas empresas extranjeras tenían los ojos puestos en el rumbo que estaba tomando el valor de la gourde y la mayoría decidió suspender operaciones mientras se estabilizaba la situación.

El año 2004 cerró con un producto interno bruto decreciente en tres y medio puntos porcentuales con respecto al año anterior. El PIB per capita cayó de la manera más violenta y acentuada que en el resto del período analizado (-5.25% con respecto a 2003). Todos los sectores de la producción mostraron un desempeño desfavorable, aun cuando el mango, el cacao y el café, hubieron acrecentado el valor de sus exportaciones, a la par de los productos maquilados.


6. El Salvador y Haití: un espejo de doble cara

And who knows which is which and who is who?

Pink Floyd (Us and them)


Al comparar dos economías que, en sustancia, adolecen de los mismos problemas y falencias estructurales, podemos darnos cuenta, aunque parezca obvio, que las formas globales de dichas economías carecen de un componente de sostenibilidad en el largo plazo.

Pensamos en el caso Haití, desde nuestra situación precaria salvadoreña: para 2004, el producto por habitante casi hubo de quedar estancado con respecto al año anterior (su crecimiento fue de apenas 0.04%).

En el caso de Haití, y en el mismo año, el producto por habitante experimentó una caída en (-) 5.25%, la caída más violenta desde 2000, manteniéndose la tendencia decreciente.

Sopesando el hecho de que el índice de producción por habitante expresa sólo la relación de disponibilidad de los recursos totales de un país entre el número total de sus habitantes; encontramos símiles de decadencia en ambas economías.

En primer lugar, las condiciones de vida en Haití muestran, bajo un análisis periódico, una deprecación acentuada por el sostenido decrecimiento económico, la falta de una equidad distributiva real, los conflictos raciales que se suman a los conflictos de clase y la ausencia de un verdadero mercado exterior para el principal producto industrial, siendo sustituido por un único comprador: Estados Unidos, y sobre la cual se erige la debilidad de la industria maquilera haitiana.

Por contraste, en El Salvador el crecimiento de la producción no ha significado, realmente, una mejora de las condiciones de vida. Prueba de esto es el flujo internación de la fuerza de trabajo: personas que buscan oportunidades de trabajo con remuneración mayor que las ofertadas en el país. Las remesas constituyen la piedra angular que sostiene la economía de ambos países. Ambos carecen de una diversificación de la producción suficiente para no depender del desempeño de un solo producto o sector.

En segundo lugar, en ambos casos las condiciones políticas imperantes han sido de vital importancia al momento de influir las inversiones. Es decir, se ve una clara polarización política –bastante comprensible en el caso de Haití, demasiado rayana y absurda en El Salvador- y una ausencia de confianza por parte del sector empresarial, frente a los cambios políticos. Datos de Haití sobre este fenómeno ya los hemos expuesto más arriba, en cuanto a El Salvador, los balances preliminares de la CEPAL para 2003 apuntan: “A pesar de la abundancia de liquidez y las bajas tasas de interés, la inversión privada sólo mostró un leve repunte, en cierta medida a raíz de la incertidumbre vinculada al período preelectoral”. Y más adelante: “La inversión extranjera directa, cifrada en 140 millones de dólares, se redujo con respecto al año anterior”.

Esto redunda en la disminución o estancamiento de la producción y por tanto en la capacidad de una economía para satisfacer las necesidades de todas las entidades que la conforman (familias, empresas, instituciones autónomas, etc.).

Otro paralelismo entre Haití y El Salvador es que ambos países empezaron dentro de los límites del periodo 2001-2004, a hacer esfuerzos para insertarse dentro del mercado internacional apostándole a un solo corredor: la economía norteamericana. De alguna manera esto podría mejorar las oportunidades comerciales de Haití y El Salvador, al favorecerlos en el intercambio de productos; siempre y cuando éste se base sobre relaciones acondicionadas sobre las diferencias existentes entre los niveles de desarrollo de las economías que se integren mercantilmente y que existan mecanismos eficaces de distribución equitativa del ingreso nacional.

Muy a pesar de esto, y a manera de conclusión, diremos que las fallas estructurales sobre las que se sostienen ambos países, sobrepasan la esfera de la acción económica de los gobiernos. Esto no es un estudio de economía política. Pero es importante decir que un desarrollo real sólo puede conseguirse a través de la promoción integral de todas las partes que constituyen una sociedad, algo que exige un cambio radical en las reglas del juego. Más acá de esto, el desafío económico de una sociedad que se mueve sobre la estructura de una economía de libre mercado debería apuntar hacia la transformación de la administración pública, sustituyendo la burocratización e ineficiencia por una alta capacidad para la gestión técnica; desarrollo de un sector privado con alto nivel de productividad que pueda impulsar la apertura de la economía y el desarrollo de las exportaciones; invertir en educación, salud y desarrollo público, con el fin de contar con un capital humano capaz y productivo.

Consideramos que es un desafío valido tanto para El Salvador como para Haití. Como señalamos arriba, aun con el sesgo de las especificidades que los diferencian, los rasgos en común son producto de las mismas ambigüedades del sistema económico que prima en ambos países.


7. Bibliografía

- CEPAL, Balance preliminar de las economías de América Latina; años 2001 – 2004.

- CEPAL, Revista del desempeño económico de América Latina y el Caribe; años 2001 – 2005.

- O’Gorman, Frances; Promoción humana; Varitec, Costa Rica, 1990.

- Samour, Héctor; Estudios Sociales, UCA Editores, El Salvador, 2002.

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