viernes, 30 de julio de 2010

Una respuesta sucia para Manlio Argueta

Una legislación sólo cultural no reducirá, creo, la violencia en el país. Ni en ningún lado. Según leo (LPG; 11/07/10) Manlio Argueta sostiene lo contrario. Su argumento me parece cuestionable. No por la candidez de ligar mecánicamente la difusión cultural con la disminución de la violencia. Sino, más bien, porque dicha candidez se yergue sobre la base de una confusión usual en nuestro medio; ésta es, que la literatura contribuye al elevamiento moral de los hombres por la única vía de sus contenidos. De allí que no importe que los productos literarios sean Bugs Bunnies que hablan sobre el preparado de atol en Santa Cruz Analquito (de otra parte, pueden ser elevados a la categoría de bienes inmateriales de la humanidad si señalan la manera correcta de ponerse la mano sobe el pecho cuando suena el himno nacional).

Manlio parece expresar que la legislación en materia cultural entrañaría la creación de un canon literario basado en los valores nacionales. Esto crearía mística “de nación” y nos hermanaría como salvadoreños. Luego, por esa vía, se prevendría la violencia.

Sin embargo, para que ese “hermanamiento” se dé, debería cada uno de nosotros reconocerse en el otro. Este proceso entrañaría, pues, la construcción de una identidad colectiva que obvie, sin eliminar, ciertas diferencias entre cada uno de los individuos que conforman esa colectividad.

Primero, no creo que develar la historia salvadoreña –si se hace quitando el velo de lo oficial- sirva de base para construir una identidad nacional, tanto más cuanto que pondría sobre la mesa quiénes fuimos, quiénes somos y por qué.

Si se quiere construir una identidad salvadoreña, haría falta un esfuerzo enorme de olvido, de manipulación, de engaño. El gobierno de Mauricio Funes parece tener todas las intenciones de hacerlo. Muestra de ello ha sido la paciente construcción de un Plan Quinquenal que elimina las diferencias entre un gobierno de izquierda –es un decir- y una cúpula empresarial.

Segundo, el establecimiento de un canon literario en términos de temáticas (la incorporación de la escritura creativa), aun cuando eso se limite a las publicaciones dirigidas por el aparato del Estado, vendría siendo algo parecido a una lobotomía colectiva. Esto se desprende por lógica. Si se necesita crear una identidad, cuyo eje sean nuestros valores nacionales, habría que abstraer las diferencias que de forma histórica se han configurado como características inherentes de las clases de la sociedad salvadoreña. Esta abstracción, como ya se dijo, será un timo. El mecanismo del engaño se perfila como la creación literaria estilo soviet. Y aquí no tal vez no exista un Maiakovski que nos redima.

La creación literaria tiene como papel fundamental expresar las contradicciones del hombre, en tanto sujeto social. Y las contradicciones no se reducen a tratar ciertos contenidos. Incluyen, además y sobre todo, la dialéctica de los estilos.

Delimitar los contenidos literarios a ciertos temas, o luchar por ello, lejos de crear una mística nacional eliminaría las posibilidades de desarrollo de la literatura nacional que, hasta hace muy poco, empieza a remontarse sobre una historia literaria que no existe.

Además, el potencial de la creación literaria no está en sus contenidos sino en sus formas. La elevación cultural del hombre no sólo es producto de leer sobre ciertos temas, sino de conocerlos a través de nuevos mecanismos, de nuevas formas. Por eso es distinto leer a Mario Benedetti y leer a Vallejo, o a Otto René Castillo y a Miguel Hernández, aun cuando todos entrañen la misma temática de lucha y de superación de un algo basado en el odio y la exclusión.

Si vamos a aceptar los Bugs Bunnies hay también que aceptar que sus gracias no van llevar a nadie a ninguna parte. O tal vez sí: podría significar un retroceso nada despreciable, tanto más cuanto que un Bugs Bunnie nacionalista bien podría ser la imagen rescatada de un Pinochet menos gentil.

¿Hay que sustituir lo que el salvadoreño está leyendo (en caso de que lo haga, digo)? Pues sí. Antes que Stephenie Meyer, Lautremont. Porque el problema en este ámbito me parece que se resuelve por la vía de la estética, más que por una ética obsoleta y unidimensional.

Aunque, claro, tampoco habría que despreciar el álgebra: no siempre una suma da un resultado mayor que las partes.

4 comentarios:

Andrés Norman Castro A. dijo...

Desde un punto de vista psicológico, la escritura creativa puede ser un medio de rehabilitación psiquiátrica y hasta penitenciaria. Con el apoyo de algún fondo estatal de publicación, que a modo de ONG, proporcione fondos de forma relativamente indiscriminada con el fin de apoyar la publicación de estos libros. En Chile ya se está haciendo. Escribí algo en LPG hace un rato: http://andresnormancastro.blogspot.com/2010/04/la-responsabilidad-de-todos-articulo-de.html

Dudo que la literatura sea una salvación para nuestra anarquía. Eso es subirse en un caballo alto, como que yo dijera que un psicólogo sería mejor presidente que un periodista o un bachiller…todo depende, depende.

Alberto Quiñónez dijo...

Ciertamente, cualquier medio podría ser considerado válido para generar un proceso de reinserción (aun a través de la literatura o el arte, en general). Sin embargo, en cuanto a la violencia creo que pesan más los determinantes estructurales de la misma, ésta no es sino una expresión de la exclusión que el mismo sistema crea. Para erradicar la violencia habría que pensar en sus determinantes últimas, tanto materiales como culturales.
Pero de eso, a apostarle a que la literatura por sí misma va a cambiar el contexto de violencia en el país me parece que existe un abismo bastante notorio. Como vos decís, es intentar subirse a un caballo muy alto. También depende, como señalás, pues hasta la altura termina por ser relativa. No obstante, creo que cada uno debe aportar para intentar señalar el camino correcto. A mi modo de ver, la violencia habría que atacarla desde sus raíces, estas son, las condiciones de depauperación material y cultural de la mayoría de la población. De ahí que sea tan complejo abatirla en el contexto de un sistema de suyo excluyente y empobrecedor ¿cómo erradicar la pobreza sin cambiar la lógica de desenvolvimiento estructural y sistémico? ¿Cómo señalar una directriz cultural sin caer en el juego de una doble moral?
El tema da para más, mucho más…
Saludos, y gracias por tu comentario.

Luis Guillermo dijo...

Me parece tonto tu post...

Alberto Quiñónez dijo...

Luis, la cuestión sobre Manlio es discutible. Sin importar que sea buen o mal escritor, creo que es una falta de responsabilidad hacerle juego a posturas que atentan contra la libertad de las y los escritores y contra la dilucidación de las contradicciones sociales justificándose en una "cultura nacional". Creo que esto es más repochable para alguien que históricamente -e incluso hoy- se concibe como un símbolo de la contracultura, del ala contestataria al sistema. Si algo que digo sobre él, te molesta porque lo sientes personal, es algo que no me importa. Pero te sugiero poner los pies en la tierra.