lunes, 16 de agosto de 2010

La inserción de la economía salvadoreña en la economía mundial

Del trabajo de ciclo de la materia de Economía del Desarrollo I, rescato este fragmento que corresponde al proceso de incorporación económica de El Salvador en el contexto mundial a partir de la década de los cincuenta. Como lo han escrito muchos autores, las economías latinoamericanas no pudieron –con sus excepciones- subirse al tren del desarrollo; las causas, más allá del determinismo cultural que intentan algunos a partir de la comparación de América Latina con el sudeste asiático, deben pensarse a partir de las relaciones de dependencia sistémica que el capitalismo del último siglo ha puesto sobre el tapete histórico. Lo difícil es darse cuenta que ese tapete no es susceptible de darle vuelta. No lo es en el corto plazo, como podría decirse desde la teoría neoclásica, pero tampoco en el largo plazo bajo relaciones de dominación. La economía salvadoreña también ha sido objeto de esas relaciones de dominación y de dependencia; esas relaciones crearon la extroversión de la economía que, dentro de un régimen de división internacional del trabajo, desarticuló el aparato productivo doméstico.
Ahora se desenvuelve un patrón de acumulación que ha puesto sobre el filo de la navaja cuestiones tan fundamentales como la soberanía alimentaria. Hay, de facto, una marginalización de la agricultura con lo que esto significa de cambio estructural. He hecho lo posible por analizar este pedazo de historia salvadoreña desde un enfoque económico-político, a la luz de los datos duros que pueden conseguirse. El trabajo, cabe mencionar, versaba sobre la transformación estructural de la economía salvadoreña, constituido por cuatro esferas: estructura productiva, empleo y productividad, inserción en la economía mundial y, por último, desarrollo social. Va la parte concerniente al proceso de inserción en la economía mundial.


El Salvador: Aproximación al proceso de inserción en la economía mundial

Proceso de inserción en la economía mundial: una visión general
El proceso de inserción de la economía salvadoreña en la economía mundial ha estado determinado por las relaciones de dependencia estructural que históricamente se establecieron con las economías centrales en los procesos de colonización y neocolonización. De esta forma, durante toda su historia como república la economía salvadoreña ha sido una economía extrovertida, al igual que la mayoría de las economías latinoamericanas. La extroversión radica en la conformación de un aparato productivo que tiene como base la demanda exterior principalmente de productos primarios, materias primas e insumos. Esto ha sido así desde la época colonial y su carácter se transmitió casi de manera íntegra cuando se creó el Estado-nación salvadoreño. En esta etapa la producción se basó en un modelo agroexportador orientado al cultivo extensivo y la exportación del café. Dicho modelo persistió hasta la década de 1960, cuando se comienzan a implementar las recomendaciones de transformación estructural de la CEPAL, esto es, los modelos de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Es durante el modelo agroexportador que en El Salvador se consolida la extroversión económica; en efecto, como lo señala David Browning, la producción y exportación de café constituía por sí sola el principal rubro de la economía salvadoreña, parámetro incluso mayor que en las demás economías centroamericanas.
La pujanza de la economía agroexportadora en los años precedentes a la década de los sesenta del siglo pasado, aunado a las políticas de creación de un mercado regional, favorecieron el acondicionamiento para la implementación de una industrialización incipiente. El alto crecimiento del producto aumentó la capacidad de compra de las economías centroamericanas casi al doble, mientras que la creación del Mercado Común Centroamericano (MCCA) permitía la creación de una red de demandas industriales que podía ser satisfecha a menores costes vía la cercanía geográfica de los países. No obstante, la reducción de las exportaciones agrícolas aunada al aumento de importaciones de bienes de capital llevó a que la balanza comercial se deteriorara considerablemente. En efecto, la tendencia errática de los saldos comerciales, que no se presenta durante la década de los cincuenta, comienza a aparecer a mediados de los sesenta y se mantiene durante la década de los setenta. El saldo deficitario aparece en 1964 y se extiende hasta 1969 (con un promedio de -13.11 millones de dólares) y se presenta de forma errática en varios años durante los setenta (cuyo saldo promedio es positivo, pero apenas de 1.18 millones de dólares).
Durante la década de los ochenta el panorama cambia significativamente apuntalado por tres hechos: la crisis del modelo agroexportador, fundado en el clima de inestabilidad económica y social propiciado por el conflicto civil; el desmantelamiento –o el desuso- de la base industrial, producto del agotamiento del modelo de sustitución de importaciones; y, por último, la crisis de la deuda externa que vulneró la estabilidad de las economías latinoamericanas y que propició el surgimiento de un nuevo paradigma en el patrón de acumulación. En efecto, los saldos comerciales para toda la década de los ochenta presentan situaciones de déficit que tienden a irse acentuando progresivamente a partir de 1986: mientras que para 1982 el saldo comercial era de -156.69 millones de dólares, para 1986 representó -179.96 millones, y para 1989 se había convertido en -742.88 millones de dólares.
En ese contexto, la aplicación de las medidas de política económica que traían aparejados los Programas de Ajuste Estructural y Estabilización Económica (PAEE-PEE), ampliaron la vocación dependiente de la economía a través de la liberalización de los flujos comerciales (desgravación arancelaria), y financieros (reprivatización y desregulación de la banca) y el aliento al capital productivo extranjero (creación de paraísos fiscales y flexibilización del mercado de trabajo). Esto llevo a una reestructuración del aparato productivo, que pasó de ser una economía agroexportadora a una en la cual la producción agrícola apenas representa un 12% de la producción total, y cuya principal rama de exportación lo constituyen los productos del sector maquila.
La liberalización económica bajo el modelo neoliberal en un contexto de baja competitividad doméstica –a nivel de todos los sectores, pero especialmente en la agricultura y la industria- ha llevado a que las mayores tasas de apertura se correspondan con aumentos cada vez mayores en los montos de importación, cuyos volúmenes y tasas de crecimiento sobrepasan con creces los de exportaciones. Es en la década de los noventa que los saldos de balanza comercial que se habían dinamizado con tendencias deficitarias desde finales de los ochenta, se profundizan hasta un máximo de -1691.09 millones de dólares en 1995.
Para la primera década del siglo XXI, los saldos de balanza comercial siguen deteriorándose, lo cual es reflejo de la vocación netamente importadora de la economía salvadoreña. Esta situación incluso se profundiza después de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica – República Dominicana (CAFTA – DR); después del cual los saldos comerciales presentan tasas de profundización mayores que los de cualquier año del período estudiado (19% en promedio). La ratificación del CAFTA-DR tiene, además, la implicación de crear las bases para un debilitamiento progresivo de todas las ramas de la economía desde una visión de desarrollo sostenible, sobre todo por los parámetros jurídicos que legitiman la expropiación de recursos naturales y humanos por empresas extranjeras, sin vínculos técnicos para fomentar el crecimiento en las economías nacionales .
De esto puede concluirse no sólo la vulnerabilidad del aparato productivo nacional –y su baja competitividad- sino también un fracaso en los modelos económicos que han tratado de incorporar a la economía salvadoreña en la economía mundial, siguiendo mecanismos apartados de las verdaderas necesidades nacionales. Es un fracaso en tanto que la economía salvadoreña debería haber alcanzado un nivel de crecimiento y desarrollo a través de su inserción en la economía mundial, pero hasta el momento los procesos de la inserción misma no se han traducido ni en una inserción factible, ni mucho menos en crecimiento económico y en desarrollo nacional.

Estructura y composición de la oferta exportable
La composición de la oferta exportable se ha transformado a lo largo de la historia económica del país, según cada uno de los modelos que se han implementado como rectores de la política económica. De esta forma, la preponderancia de bienes tradicionales dentro de la oferta exportable se transformó en la década de los sesenta-setenta, en un modelo en el que coexistían las exportaciones de bienes tradicionales (bienes agrícolas, principalmente alimentos no procesados) y bienes no tradicionales (industrias de manufacturas livianas, como derivados del cuero y algunos productos de la confección). Esta tendencia se vería levemente modificada en la década de los ochenta cuando cobra cierta importancia la exportación de productos químicos y de materiales no comestibles (materias primas). En la década de los noventa entra en juego la exportación a gran escala de los productos de elaborados por la maquila textil, la cual hasta hoy sigue siendo de gran peso en la balanza comercial salvadoreña.
Como contraparte la exportación de productos tradicionales como componente de las exportaciones totales ha caído de un 58.9% en 1970 a un 13% en 2003. Mientras que las exportaciones de bienes no tradicionales, pasó de representar un 41.1% en 1970 a un 87% en 2003. Del monto total de las exportaciones, las provenientes del sector maquila pasaron de representar un 18% a un 60% en los años 1991 y 2003, respectivamente.

Volumen y dinamismo de las exportaciones
En el rubro de las exportaciones se constata las tendencias generales que ya se habían anticipado en el primer epígrafe de esta sección. Como se estableció, las exportaciones se mantienen con una gran pujanza sobre todo en el ámbito de las exportaciones agrícolas (principalmente de café) hasta entrada la década de los sesenta, aunque de hecho su participación dentro de las exportaciones totales disminuye de un 88.92% en 1950 a un 65.65% en 1960 y hasta 48.72% en 1970 . Sin embargo, las exportaciones totales aumentan en los sesenta en un 91.9% para toda la década , esto es consecuente con el hecho de que es en ese punto donde se implementa el modelo ISI, que crearía una base industrial exportadora de bienes de consumo. A pesar del incremento de las exportaciones, la importación de bienes de capital para coadyuvar el proceso de industrialización y la disminución de las exportaciones agrícolas, contuvo los efectos positivos que podría traer el incremento de las exportaciones para el mejoramiento de los términos de intercambio, desembocando en una tendencia hacia la importación neta en la mitad de la década.
Para la década de los setenta, las exportaciones siguen manteniendo un comportamiento creciente, teniendo un auge en 1979 y comenzando a decrecer ya para 1980 de manera brusca. Este decrecimiento de las exportaciones se mantendría durante toda la década siguiente, debido al debilitamiento de los sectores productivos tradicionalmente exportadores –agricultura y la industria incipiente- a causa del conflicto armado. De hecho, la tasa de crecimiento promedio de las exportaciones fue negativa para el periodo 1980 – 1989 (-5.8%). Esa tendencia se vería sustituida en la década de los noventa en la cual la tasa de crecimiento promedio se presenta como la mayor de los distintos periodos considerados; en el tramo 1990 – 1999, dicha tasa presenta un promedio de 15.5%.
Para el tramo 2000 – 2008, la tasa de crecimiento promedio de las exportaciones disminuye hasta un 6.2%, contando con movimientos erráticos en la misma; no obstante, la tendencia de los volúmenes de exportación se mantiene bastante estable para dicho periodo.

Composición y dinamismo de las importaciones
Al contrario de las exportaciones, las importaciones cuentan con un mayor grado de diversificación debido a la debilidad de la mayoría de los sectores productivos salvadoreños. Esta diversidad se expresa en que las mismas categorías utilizadas para la exportación cuentan cada una con un mayor número de productos. En cuanto a la importación de alimentos es significativo el aumento que presenta a partir de la década de los noventa, cuando se disparan los volúmenes y las participaciones de la importación de alimentos en las importaciones totales, sobre todo a partir de la ratificación del CAFTA-DR, después del cual se agrava significativamente el déficit comercial de la rama de granos básicos (pasando de cerca de $130 millones en 2005 a más de $300 millones en 2008).
En cuanto a la importación de maquinaria los volúmenes son siempre crecientes, pero empiezan a crecer de manera desproporcionada a partir de la segunda mitad de los setenta, como resultado del fracaso del modelo ISI, y se acentúa en la década de los ochenta. La misma situación pasa con las manufacturas. A partir de la década de los noventa la tendencia creciente de las importaciones se acentúa en todas las categorías, como resultado de la liberalización económica comenzada a implementar entre 1989-1991; dicha liberalización profundizó la vocación importadora de la economía salvadoreña al liberalizarla en un contexto de baja competitividad frente al mercado exterior. Durante la primera década de 2000, las importaciones han seguido creciendo más que las exportaciones, resultando en reiterados déficits comerciales que tienden a profundizarse. En efecto, de 2000 hasta 2008 el valor de las importaciones se ha duplicado (de $4947 millones a $9754 millones, respectivamente) y el déficit comercial ha aumentado en un 27% en el mismo periodo.

Clasificación de las exportaciones según nivel tecnológico
Según la clasificación de la CEPAL, las exportaciones en El Salvador pueden tipificarse en exportaciones de bienes primarios y en bienes industrializados, dentro de estos últimos se distinguen cuatro categorías: bienes basados en recursos naturales y bienes de baja, media y alta tecnología.
Los datos para esta clasificación están disponibles para El Salvador desde 1987. En un primer momento, dicha información muestra algo que ya se dijo en los apartados anteriores; esto es, el cambio estructural en los rubros principales de exportación. Para 1987, las exportaciones estaban virtualmente dominadas por los productos primarios, los cuales representaban cerca del 71% de las exportaciones, y que para 2009 representaban 8.3% de las mismas.
Pese al cambio en la composición en la oferta exportable, este no ha propendido hacia el establecimiento de una base industrial fuerte y que genere una mayor cuota de valor agregado. Esto se demuestra a partir de un examen de las categorías de las exportaciones industriales, cuyo principal rubro han sido los bienes de baja tecnología no sólo en montos sino también en el dinamismo de su crecimiento. En efecto, para 1987 este rubro representaba apenas el 11% de las exportaciones totales, situación completamente distinta a la del año 2009 en la cual los bienes de baja tecnología representan el 54.25% de las exportaciones. Por el contrario, la exportación de bienes que incorporan una mayor cuota tecnológica ha tenido una tendencia errática, en el caso de los bienes industriales de tecnología media, y un crecimiento bastante modesto (menos del 4% en el periodo 1987 – 2009) para el caso de los bienes de alta tecnología. El dinamismo de las exportaciones de bienes de baja tecnología se explica por el auge que ha tenido el establecimiento de maquilas en la rama de la confección.
No obstante, el examen de los balances comerciales por rubro tecnológico muestra que El Salvador es, como se mencionó antes, una economía netamente importadora, especialmente en productos de alta tecnología y cada vez más de productos primarios.

Montos de IED y sectores de destino
La Inversión Extranjera Directa (IED) ha jugado un papel marginal en el crecimiento económico de El Salvador, principalmente debido básicamente a tres factores: primero, la ausencia de políticas que vinculen el establecimiento de IED en el territorio nacional con la transferencia de tecnologías de producción de punta y con la creación de empleo de calidad; segundo, la calidad y el carácter de la IED que históricamente se ha establecido en el país; y, tercero, los bajos montos de IED que han sido captados por los sectores con mayor capacidad de absorción de fuerza de trabajo.
En efecto, el destino de la IED en El Salvador se ha concentrado en cuatro sectores: electricidad, telecomunicaciones, finanzas y manufactura liviana (principalmente maquila) . Históricamente los montos de IED han sido bastante magros, exceptuando la década de 1960, cuando se implementa el modelo ISI con el cual se captan recursos de IED significativos en relación a la década anterior. Sin embargo, esta tendencia se revierte en la década siguiente, cuando incluso se presentan tasas de entrada neta negativas . En la década de los ochenta, hay entradas positivas de IED, a pesar del clima de inestabilidad económica ocasionada por la guerra civil, sin embargo, entre 1970 y 1990, la IED cumulativa representó apenas 254 millones de dólares.
Tras la aplicación de políticas neoliberales los flujos de IED presentan un crecimiento significativo, especialmente cuando se privatizan las empresas estatales de telefonía y de electricidad (1998), además del flujo que proveyeron las entradas de industrias maquileras. Sin embargo, ésta última no ha pasado de representar un 6.3% del monto total de IED.
Es significativo, por el contrario, la tendencia de la IED a establecerse en el sector financiero, como ha sucedido desde 2007, cuando se da el ingreso de City Bank al mercado salvadoreño. Como lo señala el informe de UNCTAD, tal vez sea demasiado pronto para evaluar el impacto de la entrada de inversiones de forma cuantiosa en el sector financiero, pero debe tenerse en cuenta que el marco regulatorio de El Salvador en materia financiera es aún incipiente, por lo que la entrada de IED puede no ser un mecanismo que fomente el desarrollo del país, sino al contrario.