martes, 16 de febrero de 2010

Las nenas del grupo caña y la ventaja competitiva

Mientras desayuno acostumbro ver alguna cosa en la T.V.: casi siempre algún capítulo de alguna serie anime prestada. Lo último que estuve viendo fue Peace Maker y algunos capítulos de Samurai X y la película Vampire Hunter D, que me aburrió –no sé por qué.
Hoy, como no tenía nada nuevo, puse la tele local y vi, no sin sorpresa, a las Nenas del Grupo Caña cantando Besito de pilón (cuyo video pueden disfrutar acá). Al parecer el dicho grupo opera igual que el grupo elite del ejército del Rey Jerjes, es decir, los Inmortales: si uno muere, hay otro en reserva para remplazarlo. Es eso o encontraron la fuente de la eterna juventud (digo, es un decir). A diferencia de otros grupos como Algodón, que no dejaron rastro (o tal vez dejaron pero a nadie le interesa), las nenas caña siguen por ahí.
Uno se pregunta si eso no es una innovación, un adelanto y, por tanto, una ventaja. Schumpeter diría que sí, en la medida en que es una innovación de proceso (ni Algodón, vamos). Porter le daría la razón y lo complementaría diciendo que además eso permite una pervivencia de la marca, erigida sobre una renovación continua de los factores que, a pesar de todo, no debilita la organización interna, en lo referente a los procesos de producción, gestión de la calidad, etc.
Pero ¿esa renovación continua no exige unas condiciones específicas de los factores, una abundancia en los recursos, en este caso, de mujeres que fingen cantar y bailar? Podría ser eso, o podría ser lo contrario: que sean escasas y que se vuelva necesaria una creación de factores (sigue hablando Porter), que en este caso se vuelve parte consustancial a la estrategia y a la estructura de la empresa, y no está fuera de ella.
Yo (¿pondría los muebles surrealistas aquí?) dudaría de que pueda volverse una cuestión interna a la empresa; porque la gente que finge bailar y cantar abunda (se pueden consultar en internet algunos catálogos, como éste, éste o éste, por ejemplo). No creo que haya escasez sino que son abundantes: hay un ejército industrial de reserva. Un ejército de nenas caña.
Esto no se ha dado en ningún lugar del mundo. Pensemos: si así fuera John Coltrane o Mayhem seguirían dando conciertos o quemando iglesias, Michael Jackson hubiera completado su gira y Nirvana hubiera superado el Nervermind (no existirían los Foo Fighters).
Entonces, por supuesto que El Salvador tiene ventaja competitiva en algunas cosas. Manuel Enrique Hinds se había olvidado de esto. Ojalá le sirva para la próxima Guía Para Invertir en el País. Tal vez para el ADA.

jueves, 11 de febrero de 2010

Notas

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El hombre estaría mejor como un animal. Como un autómata. Pensar duele. Y la pregunta no es si vamos o venimos, sino ¿hacia dónde?


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¿Acaso Mersault no es, por necesidad lógica, un Pantagruel breve y soñado?


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Escuchado en los alrededores de la facultad de economía: “Un día la vida te va a sorprender y vas a ver que ya no sos tan pendejo”.


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Ella depositó su mano en la brisa de mayo.

Fue una voz al costado de mis arterias.

Aunque no recuerde ahora su vuelo de humo suave.

Aunque no piense ya en sus secretos y salivas.

Yo, que vendí mi alma por su ombligo,

que empeñé mi gloria por su pintalabios,

he propuesto el hueco de su oreja como habitación de mi sangre.


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El problema de la economía no es de método. Es de objetivo, de aspiración. La separación de lo económico como aspecto separado de lo humano ha derivado en la cosificación de la ciencia, en la búsqueda de paradigmas insustanciales. Sí, dicha separación bien puede realizarse como precepto analítico, pero nada más. Luego hay que volver a la humanidad del hombre, a su necesidad de ser.

La economía es un medio, no es un fin en si misma.



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Aujourd’hui je parle sur la vie et l’espoir. Aujourd’hui je regarde la lumière de l’homme, les nuages, tes rêves.

Et je pleure. Pour quoi ?


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La única forma de ser un marxista decente es ser un indecente marxista. Es despertar a Marx a patadas.

Competitividad de la manufactura salvadoreña, según San Shaikh

Bueno, ya había mencionado lo del trabajo de Economía de los Factores. Pues bien, acá está. Es un análisis de la competitividad del sector manufacturero salvadoreño --en general--, según el enfoque de derivación marxista propuesto por Anwar Shaikh. La elaboración estuvo a cargo de los mencionados más abajo, con la asesoría de Raúl Moreno y de Roberto Góchez, a quien le particularmente. pongo los gráficos porque primero hay que convertirlos en imagenes JPEG y son muchos. Sí, la pereza, cabal. Imaginen que son como están descritos. Y si la imaginación falta, soliciten el documento en este mismo espacio.



Análisis de la competitividad del sector manufacturero salvadoreño desde un enfoque marxista, para el periodo 1990 – 2008

Daris Argueta

Julio Flamenco

Alberto Quiñónez

Linda Zelaya

Introducción

Luego de continuos y dilatados procesos de apertura y liberalización comercial experimentados por la economía salvadoreña desde finales de la década de 1980 del siglo pasado, los cuales se aplican aún con más vehemencia en la actualidad, y en un contexto actual que preconiza las ventajas del comercio internacional como un mecanismo de ganar-ganar tanto para las economías industrializadas como para las no industrializadas, es apremiante la necesidad de evaluar la posición competitiva de El Salvador en el ámbito internacional.

En este sentido, este trabajo pretende determinar la posición competitiva del sector manufacturero salvadoreño respecto a sus principales socios comerciales (Estados Unidos y Centroamérica, excluyendo Panamá y Honduras), desde una perspectiva marxista, en el período 1990-2008; para ello se adaptó la información de los Sistemas de Cuentas Nacionales de El Salvador y de sus socios comerciales a categorías marxistas con la finalidad de elaborar indicadores que permitan mostrar la posición competitiva del sector salvadoreño de la manufactura con respecto a sus principales socios comerciales.

Las razones de centrarse en el sector manufacturero son dos: en primer lugar, la fuerte competencia internacional a la que dicho sector se encuentra sometido por tratarse de bienes transables; la segunda razón obedece a que éste fue uno de los sectores que aparentemente se impulsaría para “aprovechar” las ventajas del comercio internacional en la nueva estrategia de crecimiento impulsada por el gobierno de Alfredo Cristiani, la cual sería liderada por las exportaciones y el sector externo.

La principal limitación que se ha tenido durante la elaboración de este estudio es la falta de información para algunos países y para algunos años, ante lo cual se ha procedido a estimar algunos datos mediante métodos simples de pronósticos; sin embargo, para los casos en los que no se dispuso de ninguna observación fue imposible realizar tal ejercicio. Además de la falta de información, hubo dificultades para conseguir acceso a ciertos datos a los cuales sólo se puede acceder desde pocas fuentes en el país.

El presente trabajo se estructura en dos capítulos, el primero de los cuales presenta un abordaje teórico del enfoque marxista de la competitividad internacional, para lo cual se explica la concepción marxista de la competencia tanto a nivel nacional como internacional y los fenómenos que ésta lleva aparejados; también, se detallan las principales variables que determinan la competitividad internacional desde el enfoque marxista, así como la metodología utilizada para construir las variables del trabajo, con la respectiva explicación de la manera en que deben interpretarse.

En el segundo capítulo se presenta un análisis de la competitividad del sector manufacturero salvadoreño a la luz de la evidencia empírica construida en base a la teoría marxista, relacionándola a su vez con los resultados comerciales obtenidos por El Salvador en el sector de manufacturas; aquí se comprueba la validez de la teoría marxista de los Costes Laborales Unitarios Reales Relativos aplicada en el ámbito del comercio internacional; también, y para no disociar teoría y realidad, se establece de manera intuitiva la relación existente entre las políticas económicas implementadas en el país y la posición competitiva mostrada por el sector nacional de las manufacturas. Para finalizar, se citan los principales hallazgos logrados en la investigación, se incluyen las fuentes bibliográficas y sitios web consultados, y se anexan los cuadros con las bases de datos utilizadas para los cálculos.

Capítulo I: Enfoque marxista de la competitividad

En un análisis de competitividad es necesario hacer referencia al contexto en que ésta se desarrolla, es decir, a la competencia. En este sentido, desde una perspectiva marxista, existe una disyuntiva con la concepción neoclásica de competencia, ya que para la teoría neoclásica la competencia es un proceso estático que conlleva a un equilibrio en el largo plazo; contrario al enfoque dinámico planteado por Marx.

Para Marx la competencia capitalista es una constante lucha entre los capitales en la búsqueda de la conquista de una mayor parte del mercado. La competencia es, por tanto, un proceso y no un estado; en este proceso de lucha no se garantiza la ganancia que recibirá un capital individual; es necesario para ello, tomar en cuenta la tasa media de ganancia social.

La tasa media de ganancia no puede funcionar como un determinante per se de las decisiones capitalistas, pero si como un importante factor persuasivo; para que esto sea así, la tasa media de ganancia debe ser lo suficientemente atractiva a los capitales individuales. Por ende, la tasa media de ganancia debe superar a la tasa de interés, ya que en caso contrario no se tendría iniciativa para realizar un capital industrial o comercial, pues se tendrían mejores ganancias a través de mantenerlo ocioso teniendo asegurado cierto nivel de ganancia y evadiendo la lucha dentro del mercado para obtenerla. Ello cobra mayor importancia bajo la lógica de desenvolvimiento de los mercados capitalistas, en los cuales la tendencia de su desempeño conlleva inevitablemente a la concentración y centralización del capital.

En ese marco de competencia, las empresas pueden conseguir ventajas en la medida en que logren ofrecer mercancías más o menos similares a menores precios que sus competidores. Esa condición, dado que los precios son la concreción de los costes de producción[1], lleva aparejada una reducción de costes. Cabe aclarar que otros métodos considerados como fuentes de ventaja son la diferenciación del producto, los servicios post venta, etc.; sin embargo, estos son, en definitiva, capacidades de ofrecer cierta calidad o cierta diferenciación en las mercancías a menores costes que los competidores[2].

Los costes de las empresas están formados por dos componentes:

- Primero, los costes referidos al valor desembolsado por la compra de maquinarias, equipos y materias primas o Capital Constante. Dichos costes, por tanto, se denominan Costes Constantes.

- Segundo, los costes que reflejan el desembolso por la compra de determinado tiempo de fuerza de trabajo o Capital Variable y que, debido a ello, son llamados Costes Variables.

En el enfoque marxista, la concreción de los costes en los precios puede definirse por:

Pp = c + v + G’(c + v)

Donde Pp es el precio de producción, c y v representan los costos de producción unitarios constantes y variables, respectivamente. G’ representa la tasa media de ganancia. Ésta, a su vez, puede definirse como:

G’ = ∑pl/ ∑(c + v)

Donde se mantiene la terminología de la ecuación anterior y pl representa la plusvalía de cada sector, es decir la expresión monetaria del valor nuevo creado no remunerado.

En el marco de una economía con libre movilidad de los factores, la diferenciación de las tasas de ganancia sectoriales llevaría a que los capitales fluyeran hacia aquellos sectores que son más rentables. Sin embargo, el mecanismo que equilibra esas entradas y salidas intersectoriales es la tasa media de ganancia, la cual permite que los capitales invertidos en distintos sectores de una economía perciban una remuneración proporcional al total de capital invertido.

Eso no significa que la remuneración al capital –o masa de ganancia- sea igual en todos los sectores, al menos no lo es en términos absolutos, sino sólo en términos proporcionales al capital. Esto se explica porque, dados distintos niveles de inversión en capital constante, se producen transferencias de valor y de plusvalía de unos sectores a otros[3].

Pero la percepción de ganancia no sólo diverge en términos absolutos de sector a sector, sino también entre las diferentes empresas de una misma industria: de la concepción dinámica de la competencia se deriva que las empresas se encuentran en un entorno de “lucha” permanente, en el cual se compite a través de una innovación constante que permita la disminución de costes. Las empresas que se encuentren a la cabeza de este proceso de reducción de sus costes serán las que logren alcanzar una mejor posición competitiva y, por tanto, las que logren obtener mayores cuotas de mercado y mayores ganancias. Estas empresas son las que Shaikh denomina como los “Capitales reguladores”, que son los que determinan los precios de la industria[4]. Dicha determinación se da como reflejo de los precios de producción a los que ofrecen sus productos los capitales reguladores en el mercado. Para no perder cuotas de mercado, todos los competidores ofrecerán al precio de los capitales reguladores, pero dado que las tasas de ganancia individuales de los primeros son divergentes –son, de hecho, menores- las masas de ganancia de los competidores diferirán tanto más cuanto que no logren reducir sus costes de producción hasta un nivel que les permita ofrecer mercancías con una tasa de ganancia igual o mayor a la de los capitales reguladores. Esto significaría que los viejos capitales reguladores serían sustituidos por unos nuevos, lo cual es congruente con una concepción dinámica de la competencia.

Pero, además, la competencia tiene en paralelo la centralización del capital; esto es, la absorción de unos capitales por otros. En el largo plazo este proceso es inevitable en la medida en que las tasas de ganancia individuales de los capitales no reguladores presenten diferencias sistemáticas frente a las de los capitales reguladores. Existe, pues, dentro del funcionamiento del sistema capitalista, una tendencia inherente hacia la formación de mercados monopólicos.

A nivel internacional, la competitividad que presenta un sector o una empresa se asocia con la capacidad de dicha unidad económica para alcanzar o mantener niveles de ganancia crecientes y hacer frente a la competencia tanto nacional como internacional. En dicha capacidad influyen diversos factores de tipo micro, meso y macroeconómico; sin embargo, en el análisis marxista de la competencia -como condición que favorece la competitividad- entre capitales, se sostiene que los determinantes últimos de ésta son los costes de producción.

Siguiendo con lo anterior, un enfoque marxista de la competitividad internacional parte del análisis de los costes laborales unitarios reales -medidos a través de los salarios reales y la productividad de la fuerza de trabajo- expresados por unidad de producto, pues, al final, son las empresas con menores costes unitarios de producción las que logran sobrevivir a la lucha competitiva. En este punto, los capitales que a nivel internacional cumplen tal condición, son los que se convierten en capitales reguladores, cuya tasa de ganancia determina la tasa que obtendrán las nuevas inversiones en cada sector.

Dado que los capitales reguladores determinan -tendencialmente- la tasa de ganancia que prevalecerá en un sector a escala internacional, ocurre que las empresas o capitales que tengan altos costes laborales unitarios reales (CLUR) de producción no podrán mantenerse en el mercado con los niveles de ganancia que establecen los capitales reguladores y, por analogía, serán los capitales que tengan costes de producción bajos los que tendrán una posición competitiva tanto en su mercado nacional como también en los mercados internacionales.

Metodología

La metodología utilizada en la realización del presente trabajo comenzó con la recopilación de la información básica por país. Tras el análisis de dicha información, se adoptó el PPA (Paridad del Poder Adquisitivo) para expresar las diferentes monedas nacionales en una moneda en común –el dólar estadounidense-, de manera que los datos de cada país fueran comparables.

En segundo lugar, con el objeto de medir la competitividad entre El Salvador y sus principales socios comerciales (Estados Unidos y Centroamérica excluyendo a Panamá y Honduras este último por falta de información) lo ideal sería contrastar los costos de producción unitarios en una moneda común. Pero como la comparación a nivel internacional de costos unitarios de producción en una misma moneda encuentra grandes problemas de disponibilidad de información, se contrastará la evolución de aquellos a través de una variable proxy, los Costos Laborales Unitarios Reales definidos como:

CLUR = Wr / A

Donde wr , A representan el salario real por trabajador y productividad del trabajo, respectivamente.

En consecuencia, El Salvador, al igual que sus respectivos socios comerciales, pueden reducir los costos unitarios (laborales) de producción, ya sea incrementando la productividad del trabajo o reduciendo los salarios reales por trabajador[5].

Por otro lado, al hablar de la productividad del trabajo, se debe tener en cuenta que se trata de unidades de trabajo directo utilizadas en el sector. Por consiguiente, el salario real (Wr), estará determinado por el salario nominal (w) y por el índice de precios al consumidor (IPC); y la productividad del trabajo (A) por el número de unidades producidas (Ym) y por el número de unidades de trabajo directo utilizado (L).

En otras palabras, el salario real y la productividad del trabajo, pueden expresarse como:

Wr = W / IPC A = Ym / L

Donde: w, salario nominal; ipc, índice de precios al consumidor; Ym, PIB manufacturero; L, número de unidades de trabajo directa utilizado; Wr, salario real y A, productividad del trabajo.

Dado lo anterior, los CLUR para cada país estarán determinados por:

CLUR = Wr / A = (W / IPC) / (YM / L)

No obstante, con el objeto de medir la evolución relativa de los costos laborales unitarios de producción entre dos países, se analizará la tendencia del cociente de los CLUR promedio de dos naciones, definido como:

CLUR ab = CLURa / CLURb

De este modo, el país A podrá mejorar la competitividad respecto al otro en la medida que el CLUR relativo tienda a cero o, en otras palabras, en la medida en que sus CLUR disminuyan en mayor medida que los CLUR del país B, o que crezcan en menor medida que los CLUR de éste último, porque reflejan una reducción del CLURA/B.

Por el contrario, el país A vería reducir su competitividad con respecto al país B, cuando sus CLUR aumenten en mayor proporción o que disminuyan en menor proporción que el país B, ya que implican un aumento del CLURA/B. En conclusión, la evolución de la competitividad de dos o más países, en la industria de la manufactura vendrá dada por la capacidad que tenga cada uno de tener menores costos laborales unitarios de producción relativos al otro, o de poderlos reducir en mayor medida a través del tiempo.

Finalmente, algunos autores argumentan que existe una congruencia entre la evolución de los saldos comerciales bilaterales y los costos laborales unitarios[6]; lo que conlleva a confrontar los saldos comerciales entre El Salvador y cada uno de sus socios comerciales, específicamente en el sector de la industria manufacturera.


Capítulo II: La competitividad del sector manufacturero salvadoreño a la luz de la teoría marxista

Entrada la década de los 90, El Salvador es testigo y sujeto de cambios estructurales basados en la implementación de políticas neoliberales. Estas políticas tenían como justificación el mejoramiento de las condiciones internas que permitieran la inserción de la economía salvadoreña en los mercados internacionales. Como mecanismos de “ajuste y estabilización”, fueron aplicadas una serie de políticas que tenían como fin la reducción del Estado y la primacía del sector privado en la economía.

A dieciocho años de comenzado el proceso, lo que salta a la vista es que, lejos de logrados los pretendidos objetivos de dicho modelo, lo que ha prevalecido es el deterioro de las condiciones estructurales que permitan un crecimiento económico sostenido y un desarrollo económico-social palpable.

Por el contrario, la evolución reciente de la economía salvadoreña muestra como el desempeño del aparato productivo ha propendido hacia una mayor centralización del capital, un deterioro en las condiciones comerciales, financieras, ambientales y culturales de la mayor parte de la población.

En materia comercial, la tendencia que ha seguido El Salvador es a convertirse en un importador neto de toda clase de mercancías. Esto se constata fácilmente a través del examen de las balanzas comerciales de El Salvador con sus principales socios comerciales.

Desde la década de los noventa podemos observar que El Salvador posee un déficit comercial en el sector de manufactura con algunos de sus principales socios comerciales como son: Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala; mientras que solamente posee una relación superavitaria con Nicaragua.

El país con el que se posee un mayor déficit es Estados Unidos que ha alcanzado un monto de $1, 740,492 miles de dólares para el año 2008, a pesar de que a las tasas de crecimiento de las exportaciones han sido altas con respecto a las de las importaciones de un 23.85% y 6.28% respectivamente para ese mismo año.

En relación a los socios centroamericanos, en 2008 para el caso de Costa Rica el déficit ha alcanzado un monto de $93,169 miles de dólares, el cual ha disminuido en comparación al déficit de 2007 de $110,958 miles de dólares, lo cual es coherente con la disminución en el crecimiento de las importaciones 13.62% a 4.66% y el aumento en el crecimiento de las exportaciones que pasaron de 11.8% a 21.74% de 2007 a 2008 respectivamente.

En el caso de Guatemala el déficit ha tendido a profundizarse en los últimos 6 años pasando de $8,225 miles de dólares en 2002 a $147, 280 miles de dólares en 2008, debido a un crecimiento más acelerado de las importaciones que de las exportaciones.

El caso de Nicaragua es el único favorable para el país, este ha mantenido un superávit comercial en el sector durante todo el periodo en análisis con algunas disminuciones para el 2002.

Ahora bien como se estableció en el capítulo precedente, la posición competitiva de un sector o de una nación está determinada por la relación de los costos laborales unitarios reales (CLUR) de un determinado sector con respecto al mismo sector de otra economía.

En este estudio se parte de la hipótesis de que existe una relación inversa entre el índice de costes laborales unitarios reales y los resultados de la balanza comercial del sector manufacturero salvadoreño. En otras palabras, a mayores índices de costos laborales unitarios reales (CLUR) se espera que haya una tendencia hacia el deterioro de los saldos de balanza comercial; mientras que, por el contrario, a menores índices de costos laborales se espera un mejoramiento en los saldos de balanza comercial.


Construcción de las variables

Habiendo establecido el marco de referencia y el planteamiento del problema, es necesario especificar las variables a través de las cuales se realizará nuestro trabajo. Para recapitular, recordemos que la variable fundamental son los Costos Laborales Unitarios Reales Relativos (CLURR), los cuales tienen como base los Costos Laborales Unitarios Reales de cada país. Pero estos últimos están determinados, como se estableció en la metodología, por dos variables: los salarios reales y la productividad.

En este sentido, es de aclarar que los salarios reales se han construido a través del cociente de los salarios medios nominales para el sector manufacturero de cada país entre el índice de precios de cada año (IPC).

La productividad, por su lado, ha sido calculada como el cociente del valor agregado generado en la industria manufacturera entre el número de personas empleadas en dicho sector.


Índices CLUR para El Salvador, Estados Unidos y Centroamérica

Los índices de CLUR calculados para El Salvador muestran que la tendencia general ha sido a aumentar o, en otras palabras, a la disminución de la posición competitiva de El Salvador. Por el contrario, los mismos índices calculados para las economías centroamericanas (Guatemala, Nicaragua y Costa Rica) y para Estados unidos, muestran que la posición competitiva ha mejorado sustancialmente. Analizaremos el comportamiento de los índices CLUR en dos escenarios que, lejos de ser situaciones aisladas, son dos aspectos paralelos en el escenario de competencia internacional del sector manufacturero salvadoreño.

El Salvador – Estados Unidos.

El Gráfico 5 muestra la evolución de los índices CLUR para El Salvador y Estados Unidos y el CLUR relativo para El Salvador. Como puede verse la evolución de los CLUR en El Salvador no presenta una tendencia muy marcada, por el contrario, presenta movimientos bastante aleatorios; sin embargo, en términos generales, el índice ha aumentado de 50.30 para 1990 a 67.01 para 2008; lo cual significaría que la posición competitiva de El Salvador se ha deteriorado. Eso se constata, además, con el examen del índice de CLUR relativos de El Salvador en comparación con Estados Unidos, el cual presenta una evolución creciente.

Sin embargo, para analizar más de cerca las causas del deterioro de la posición competitiva de El Salvador en relación a Estados Unidos, será necesario desagregar los índices de CLUR en sus componentes: índices de productividad y de salarios reales. El Gráfico 6 muestra la evolución de cada uno de estos índices tanto para El Salvador como para Estados Unidos. Como puede verse la disminución del índice de CLUR de los Estados Unidos es consecuencia de un aumento sistemático de la productividad laboral en el sector manufacturero, aunado a una casi estacionariedad de los salarios reales. Por el contrario, el aumento del índice de CLUR en El Salvador tiene a la base el comportamiento errático de los índices de salario y de productividad. En cuanto a los salarios reales, estos han tendido a aumentar aunque en términos pocos significativos al igual que la productividad; no obstante, el aumento en ésta última ha sido aún menor.

De hecho, al comparar los saldos comerciales del sector manufacturero con la evolución de los CLUR relativos se observa claramente que ha habido una relación inversa: mientras que los índices CLUR relativos han venido aumentando sistemáticamente en todo el periodo estudiado, los saldos de balanza comercial manufacturera entre El Salvador y Estados Unidos han tendido a profundizar su régimen deficitario, lo cual corrobora la hipótesis de nuestro trabajo.

Las políticas de apertura económica llevadas a cabo al despuntar la década de los noventa –apuntaladas principalmente por los Programas de Ajuste Estructural y de Estabilización Económica-, significaron un proceso de apertura unilateral, basado en la reducción continuada de los aranceles. A pesar de que dichos programas tenían como finalidad “la viabilidad de la balanza de pagos y la reducción paulatina de la pobreza”[7], las políticas ejecutadas tuvieron efectos negativos sobre los flujos de comercio internacional, sobre el panorama macroeconómico interno y sobre las condiciones de vida de las personas.

De hecho, es bajo la lógica de los PAE-PEE que se implementa la “flexibilización del mercado laboral”, lo que lleva a la disminución de los salarios reales. Ello buscaba elevar la competitividad de la economía salvadoreña. Sin embargo, la disminución de la productividad fue mayor, teniendo así un efecto negativo sobre la posición competitiva de la economía salvadoreña y en específico del sector manufactura[8]. De hecho, es en este periodo (1990 – 1996) que los saldos comerciales comienzan a disminuir de forma más acentuada.

Un segundo periodo puede caracterizarse alrededor de 1996 – 2000. En este periodo puede observarse cierta estabilidad en los saldos comerciales que tal vez puede ser explicado por la fase recesiva en que se encontraba la economía salvadoreña y que no posibilitó la entrada de mayores montos de importación.

Un tercer período, que va desde 2001 a 2008, tiene a la base los procesos de dolarización (2001) y de ratificación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (2006). En este período se vuelven a dinamizar los flujos comerciales pero con un saldo negativo para El Salvador. De hecho, a partir de 2005 – 2006, los saldos comerciales –deficitarios- tienen tasas de crecimiento mayores a las de todo el periodo. Obviamente, esto es resultado de la liberalización que supuso el TLC en condiciones de desventaja para El Salvador, cuyos índices CLUR muestran claramente su baja competitividad.

El Salvador - Centroamérica.

En el caso de la competitividad de El Salvador analizada a través del comportamiento de los CLUR de éste con los países de Centroamérica, se muestra una tendencia decreciente frente a sus principales socios comerciales centroamericanos. Al comparar estos resultados con las balanzas comerciales manufactureras de los países analizados resultan concordantes ambas tendencias, a excepción de Nicaragua que es el único país con el que se posee un superávit comercial en manufacturas.

No obstante, El Salvador presenta una pérdida de competitividad. En este caso, una posible explicación de dicho comportamiento es el hecho de que Nicaragua posee una productividad decreciente respecto a El Salvador, ya que en los últimos 8 años Nicaragua presenta una disminución de la productividad en el sector manufacturero mientras que El Salvador sigue un comportamiento a la alza (este representa el único valor atípico en la comprobación de nuestra hipótesis).

Además, la pérdida de competitividad que presenta El Salvador se debe al comportamiento de los índices salariales, ya que los países centroamericanos presentan un comportamiento decreciente en todo el periodo, mientras que a partir del año 2000 El Salvador presenta un comportamiento casi constante, lo que implica que los CLURS de los demás países disminuyan y por consiguiente su capacidad competitiva sea mayor que la de El Salvador.

Una explicación de la pérdida de competitividad fuera del marco de los CLURs sería que las políticas comerciales que ha ejecutado El Salvador no han sido enfocadas al desarrollo de las capacidades productivas del sector manufacturero, sino más bien han sido orientadas a un proceso de desgravación arancelaria como producto de la creación de una ley de zonas francas y recintos fiscales, lo que provoca que el país quede vulnerable ante la presencia de competidores externos y por tanto pierda competitividad.

Otro punto importante es el comparativo de los CLUR individuales de cada país. En éste se refleja que El Salvador ha permanecido más o menos constante a lo largo del periodo de 1990 – 2008, mientras que los demás países centroamericanos han mostrado una tendencia a disminuir considerablemente sus CLURs, lo que implica que la brecha existente entre los países centroamericanos y El Salvador disminuya y, por consiguiente, conlleve a la pérdida de competitividad.


Conclusiones

1. Del análisis de costos laborales unitarios reales se infiere que la competitividad del sector manufacturero salvadoreño ha venido deteriorándose de forma sistemática en relación con el mismo sector de la economía estadounidense. Dicho deterioro es resultado de las políticas económicas internas que han venido implementándose, pero también es consecuencia de una inserción a la economía mundial en condiciones de desigualdad estructural. Por ejemplo, el TLC con Estados Unidos, vino a reforzar las condiciones de baja competitividad en las que fue implementado. Con esto, se cuestiona la sostenibilidad del modelo basado en la liberalización desigual, tanto más cuanto que el deterioro de la competitividad significa una profundización en el régimen deficitario de la balanza comercial. El hecho de que los capitales reguladores a escala mundial no sean los salvadoreños significa que la rentabilidad de las empresas salvadoreñas tienda a la baja y que, por tanto, se fortalezcan las posibilidades de una centralización de capital a nivel internacional entre El Salvador-Estados Unidos.

2. De igual manera, El Salvador se ha vuelto menos competitivo en el sector manufacturero con respecto a sus socios comerciales centroamericanos, lo cual se refleja en los saldos comerciales de dicho sector; a excepción de Nicaragua, con el que aun posee ventaja. El declive se debe a dos razones: la primera, es la estructura de salarios que El Salvador ha mantenido de forma constante en el último periodo, en segundo lugar, por la productividad que no ha presentado un aumento significativo en los últimos años.

3. En forma general, la disminución de la competitividad del sector manufacturero salvadoreño en relación al mismo sector tanto de Estados Unidos como de Guatemala, Nicaragua y Costa Rica, se explica por dos factores: en primer lugar, un comportamiento pírricamente creciente de los salarios reales manufactureros en El Salvador combinado con un decrecimiento en los salarios reales de los competidores centroamericanos y una casi estacionariedad de los salarios estadounidenses; en segundo lugar, una productividad que crece poco; por lo que puede decirse que la estrategia competitiva de las empresas manufactureras de El Salvador ha consistido en mantener unos salarios reales bajos y poco crecientes, combinado con la falta de esfuerzos por incrementar el crecimiento de la productividad.

Aunado a lo anterior, y no menos importante es el hecho de que las políticas económicas en materia de comercio internacional aplicadas por los gobiernos salvadoreños han incidido negativamente en el desempeño competitivo del sector manufacturero interno; dichas políticas se han ejecutado sin preparar previamente a los sectores nacionales para competir en marcos desregulados y con competidores aventajados.


Referencias

Bibliografía

· Góchez Sevilla, Roberto. Evolución de los flujos comerciales de El Salvador – Estados Unidos antes y después del CAFTA. 2008.

· Góchez Sevilla, Roberto; Montesinos, Mario. Salarios y Productividad. ECA. 1995

· Guerrero, Diego. Competitividad: Teoría y Política. 1995.

· Martínez Peinado y Vidal Villa. Economía Mundial.

· Martínez Ramos, Gerson Eli; Valencia Jiménez, Denis Salvador. Evaluación del comercio México-El Salvador a partir del Tratado de Libre Comercio México-Triángulo Norte. UCA, 2005.

· Shaikh, Anwar. Competition and exchange rates: Theory and empirical evidence. 1991

· Shaikh, Anwar. Los tipos de cambio reales y los movimientos internacionales de capital.

· Shaikh, Anwar. Valor, acumulación y crisis. 1990.

Sitios Web:

· Alan Heston, Robert Summers and Bettina Aten, Penn World Table Version 6.2, Center for International Comparisons of Production, Income and Prices at the University of Pennsylvania, September 2006. http://pwt.econ.upenn.edu/php_site/pwt62/pwt62_form.php

· Banco de datos de comercio exterior de la CEPAL:

http://websie.eclac.cl/badecel/default.asp

· Dataquery del Banco Mundial.

http://ddp-ext.worldbank.org/ext/DDPQQ/member.do?method=getMembers&userid=1&queryId=135

· Estadísticas laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) http://laborsta.ilo.org/default_S.html

· Sección de Estadísticas e Indicadores Económicos de la CEPAL en el área de Cuentas Nacionales. http://websie.eclac.cl/sisgen/ConsultaIntegrada.asp?idAplicacion=6&idTema=131&idioma=e

· World Development Indicators; Noviembre de 2009: http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/DATASTATISTICS/0,,contentMDK:21725423~pagePK:64133150~piPK:64133175~theSitePK:239419,00.html



[1] Hay que recordar que el enfoque marxista se basa en la teoría del valor-trabajo, según la cual el valor de una mercancía está determinada por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla.

[2] Ver Shaikh, Anwar: Los tipos de cambio reales y los movimientos internacionales de capital. Guerrero, Diego: Competitividad: Teoría y política.

[3] Martínez Peinado y Vidal Villa. Economía Mundial. Capítulo 4.

[4] Shaikh, Anwar. Ibíd.

[5] Góchez Sevilla, Roberto. Evolución de los flujos comerciales de El Salvador-Estados Unidos antes y después del CAFTA. En: Red Regional de Monitoreo del CAFTA DR, El CAFTA-DR a dos años de su implementación: Algunas implicaciones socioeconómicas.

[6] Góchez Sevilla, Roberto. Ibíd.

[7] Martínez Ramos, Gerson Eli; Valencia Jiménez, Denis Salvador. Evaluación del comercio México-El Salvador a partir del Tratado de Libre Comercio México-Triángulo Norte. UCA, 2005.

[8] Góchez Sevilla, Roberto. Salarios y Productividad. ECA. 1995.

jueves, 4 de febrero de 2010

Haití...

El 12 de enero del presente, como todos saben -y si no sé saben, qué cabrón-, un terremoto de 7. y algo destruyó -casi literalmente-, el occidente de la que fuera la isla de La Española, y lo que hoy conocemos como Haití, el país más pobre de América Latina. Los daños materiales son incalculabes, cuanto más los humanos. ¿Qué quiere decir 200 mil muertos, si olvidamos la historia individual de cada uno de ellos?
Creo que es suficiente de políticas hipócritas de parte de Estados Unidos, Francia y la ONU...
A propósito de esa situación, empecé a buscar información sobre Haití con el objetivo de profundizar en las determinantes de la precariedad en la que vive su población, a través de una investigación más o menos formal. Espero poder presentar por acá los resultados de esa investigación -general y modesta, por otro lado-, antes de que comiencen las clases.
Ya antes trabajé cuestiones relacionadas con Haití. De hecho, cuando cursaba Macroeconomía I realicé, junto a Alex Portillo -compañero de la carrera-, una evaluación macroeconómica de Haití y una comparación con El Salvador. Subí ese trabajo a un blog independiente pero acabo de revisar el link y la página caducó o algo así. Por ello pongo a continuación las cosas más sobresalientes de dicho trabajo. ¿Diré lo que pienso de él? Sí, porque quiero.
Lo primero es que me emocionó volver a leerme, después de tanto tiempo y trabajo. A pesar de que para entonces apenas empezaba a gustarme la carrera, fue un trabajo que valió la pena. No tenía muy clara la relación de dependencia estructural internacional, ni cómo hacer un estudio con enfoque económico político y, sin embargo, algo de eso tiene el trabajo. Peca de esquemático, de superficial, de disperso. En aquel momento no habríamos podido llegar a más. Hoy sí. No obstante, los celos me impiden adelantar los hallazgos de lo que trabajo actualmente. Como dije, a continuación algunos fragmentos de la evaluación macroeconómica, realizada a mediados de 2007 (he llamado al trabajo A chaotic harmony, espero que Alex me perdone el atrevimiento, en función de los resultados).


A chaotic harmony

Alberto Quiñónez

Alexander Portillo

Julio de 2007

  1. Introducción

En un artículo que carga ya con bastantes años a la espalda, y refiriéndose a los modelos de desarrollo económico y el desafío de las naciones latinoamericanas, Frances O’Gorman, desde una perspectiva histórico-estructuralista, señala: “El subdesarrollo tiene sus raíces históricas en las estructuras de la dependencia social, cultural, económica, política, y en los esquemas neocoloniales de dominación económica”. Atendiendo a esto, no es extraño encontrar que Haití, una nación cuyo rasgo histórico primordial es la dependencia económica y política, se encuentre, en el momento actual, en el extremo inferior de las estadísticas de crecimiento del continente americano.

Desde su independencia, hace ya 203 años, la tendencia del desarrollo y del crecimiento ha estado –en el largo plazo- siempre orientado a la baja. Luego de haber sido una de las más prosperas naciones de la región caribeña, Haití se encuentra al rezago del continente en materia económica.

La reciente institución de un sistema democrático explica, en opinión de muchos, el franco retraso económico y el bajo nivel de vida del grueso de la población. Sin embargo, las condiciones promedio del país no han mejorado de manera considerable desde el inicio de la democratización, hace ya casi 18 años. Altas tasas de mortalidad, de desnutrición y de personas infectadas con el VIH/SIDA, conforman algunas de las preocupantes estadísticas del país; agravado por un clima de inestabilidad política que le ha significado una merma de la cooperación internacional.

Aunque el período analizado es relativamente corto, basta para observar la cada vez más preocupante situación. Situación desde la que se quiere apalancar un nuevo futuro para el país más pobre de América Latina. El análisis es mayormente descriptivo.


2. Desempeño de la economía haitiana, según los balances preliminares de CEPAL

There seemed a certainty in degradation

T. E. Lawrence (The seven pilars of wisdom, CII)

El franco retroceso en casi todos los sectores productivos, hacia 2001, se vio agravado por un panorama político incierto y por la desaceleración de la economía estadounidense. La frágil inserción del país en un mercado mundial que encara ominosas perspectivas, la posible reducción de las remesas a consecuencia del deterioro de la economía estadounidense, así como una situación política interna de gran inestabilidad configuran un panorama poco promisorio en el año 2002.

Mientras los ingresos fiscales acusaron una reducción del 12% en términos reales, los gastos se contrajeron 9%.

Las autoridades monetarias acentuaron las medidas de control de la liquidez. En junio elevaron a 31% el coeficiente de encaje legal y modificaron la forma de constitución de dichas reservas.

El saldo de la oferta monetaria a septiembre de 2001 se incrementó 4% en términos reales, debido a la fuerte ampliación del crédito del sistema bancario al gobierno (15%), mientras que el destinado al sector privado se redujo 18%.

Las inversiones retrocedieron (-2.5%) debido a que el retraimiento del sector público no fue compensado por el sector privado, el cual prefirió seguir a la espera de señales más alentadoras de la coyuntura política, a lo que se agregó la vigencia de elevadas tasas de interés (28% en gourdes y 15% en dólares).

Para 2002, el aumento de las remesas evitó un perjuicio mayor en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Al cierre del año fiscal, las reservas internacionales netas cubrían menos de dos meses de importación. Las exportaciones cayeron 11.5% a pesar de un repunte del comercio de mangos (63%).La deprimida demanda estadounidense afectó a la industria maquiladora, que registró una baja de 8%. En tanto, las importaciones declinaron 7% por el menor crecimiento de la economía y la fuerte devaluación.

Ante la fuerte contracción de la economía se relajó la política monetaria; la tasa de interés sobre los bonos del Banco Central (bonos BRH a 91 días) se redujo 11 puntos porcentuales entre el inicio y el final del año fiscal (de 21.1% a 10.2%) y la masa monetaria M1 aumentó en 11%.Si bien la política aplicada a los bonos permitió al gobierno abaratar su financiamiento, no tuvo mayores repercusiones sobre la reactivación y la tasa de interés real activa (16.5%), siguió un curso alcista. El crédito al sector privado creció en 5%, mientras que el del sector público lo hizo en

16%. El poder adquisitivo siguió su deterioro y el salario mínimo real mostró una merma del 8% respecto al año anterior. La devaluación acelerada de la gourde durante los últimos meses de 2002 podría repercutir en un mayor ritmo de inflación.

Al cierre del 2003, los resultados obtenidos fueron alentadores, si bien perduran tanto los determinantes estructurales como los coyunturales de la orientación recesiva de la economía haitiana. Los principales sectores productivos tuvieron un desempeño modesto. La actividad agrícola registró cierta recuperación (2%), después de la fuerte caída del año anterior, gracias a factores climáticos favorables, en tanto la mayoría de los demás sectores tendió al estancamiento. La fuerte alza (130%) de los precios internos de los derivados de hidrocarburos en enero-febrero permitió reducir los subsidios públicos y mejorar los ingresos fiscales. Nuevamente las remesas fueron un aporte sustancial que permitió mitigar los efectos perjudiciales del proceso inflacionario en el consumo.

En 2004, la economía de Haití evolucionó en un contexto de convulsión política y social que provocó la renuncia del Presidente el 29 de febrero, el despliegue de una fuerza multinacional en el país, la formación de un gobierno de transición y el inicio, en el mes de junio, de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

Los impactos de los desastres naturales de septiembre y mayo aún no se han evaluado plenamente y es probable que tengan una marcada influencia negativa. Asimismo, es preocupante la violencia, que prevalece sobre todo en la ciudad capital y pone en riesgo el frágil equilibrio político e institucional, la ejecución de los programas económicos y sociales y la realización de elecciones (legislativas, municipales y presidenciales) en el próximo año.

La abundancia relativa de divisas provenientes de las remesas explica, en gran medida, el fortalecimiento de la gourde. El Banco Central aprovechó la apreciación de la gourde para reconstituir sus reservas y compró, entre abril y septiembre, divisas por cerca de 100 millones de dólares.

Los magros aportes externos y, sobre todo, las intervenciones de compra de divisas del Banco Central permitieron una cierta reconstitución de las reservas internacionales netas (incluido el encaje en divisas de los bancos comerciales) que, al cierre del ejercicio, representaban 42 días de importación.


5. Análisis de la economía haitiana
    1. La terrain vague

Para el año 2001, ya el balance preliminar de la CEPAL para Haití, sentenciaba: el desempeño económico era inquietante por tercer año consecutivo. Todos los sectores tuvieron un retroceso en sus tasas de producción, y la gourde –moneda nacional de Haití- se deprecio en 21.7% frente al dólar. La débil y tibia participación en el mercado internacional y las expectativas de una disminución de las remesas por la recesión norteamericana intervino notablemente en la acentuación del menoscabo de la gourde.

La frágil estabilidad política y la vigencia de altas tasas de interés, influyó en la pérdida de confianza de los inversionistas y el retiramiento de capitales, e hizo caer la inversión total en 2.5%: el retraimiento del sector público, originado por la falta de financiamiento externo, no fue compensado por el sector privado.

También perdió terreno el consumo, en uno por ciento con respecto al año anterior, debido a la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos reales y a una reducción -pequeña, si; pero reducción al fin de cuentas- en el total de remesas percibidas.

La agricultura fue el único sector que preveía mejoras como resultado de factores climáticos favorables, pero la prosperidad relativa que se esperaba y a la que se asociaba la tercera parte del producto total, fue sólo una efímera faceta de una economía en decadencia.

En 2002, con los precios de los hidrocarburos congelados, aun cuando el poder adquisitivo de la gourde caía en picada a la par de los salarios reales, los egresos de capital destinados como subsidios coadyuvaron al incremento del déficit del gobierno central en 8%. Resultado desalentador, si se considera que los ingresos públicos provenientes de la percepción aduanera y la tributación indirecta aumentaron en un 13%.

Debido a la crisis política, el financiamiento exterior por parte de organismos internacionales –el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial- fue suprimido casi por completo. Sin embargo, las restricciones financieras externas eran un fenómeno que ya se cargaba desde algún tiempo atrás y explica, en cierta medida, la caída de las inversiones públicas en 2001.

La tasa de inflación se elevó a 10.1%, deteriorando el poder de compra –nuevamente-, y presionando a la baja los salarios reales –nuevamente, también.

Aun cuando el interés sobre los bonos del Banco Central descendió casi 11 puntos porcentuales, la inversión privada no se reactivó al nivel esperado. Aun más: las importaciones declinaron en 7%. El sector industrial, bastante pobre en su desempeño (2% del PIB), logró crecer casi un tres por ciento. Superando en alguna medida las dificultades que le significó la recesión de su principal socio comercial: Estados Unidos. De hecho, el producto más demandado por Estados Unidos, el producto de la industria maquila, decreció en un 8% con respecto al año anterior. Al vaivén de las necesidades de un solo comprador, no se prevé que pueda haber una sostenibilidad del nivel de crecimiento industrial, dado la fragilidad del rubro maquila. Ante esta situación, la Cámara Haitiana de Comercio presentó, en octubre de 2002, ante el Congreso de EUA, una iniciativa para lograr un trato preferencial en materia textil, lo cual podría significar un panorama más promisorio para la industria haitiana y para la economía en general.

Todos los sectores de la producción vieron disminuir sus exportaciones. Las cuales disminuyeron, globalmente, en casi doce por ciento. Sólo un producto salvó dicha tendencia: el mango.


    1. Lo constante

Después del ejercicio fiscal de 2003, las estadísticas sobre el exiguo crecimiento del PIB –entre el 0.4 y 0.7 por ciento- representaron el bastión de la perspectiva de un cambio significativo en el rumbo de la economía haitiana, sobre todo entre el sector oficial.

Pero las estadísticas y la historia son irremisiblemente crueles, como veremos más adelante.

En primer lugar, aun cuando el PIB total a precios constantes aumentase, los indicadores básicos de distribución y disponibilidad de recursos, como el PIB per capita, tuvieron una disminución al menos notable (-1.4% con respecto a 2002). En contraparte, el IPC presentó la tasa más alta de crecimiento del período 2001-2004 (39.3%); y el índice de relación de precios de intercambio tuvo el valor más bajo (94.2).

La reanudación del financiamiento externo por parte del BID, fue, para muchos, una señal, de la progresiva integración de los demás instituciones financieras internacionales a la cooperación por el crecimiento y la recuperación económica de Haití. Sin embargo, ningún otro organismo puso a disposición los recursos financieros que las autoridades haitianas esperaban.

El desempeño de los sectores productivos mostró un saldo positivo. Las exportaciones y las importaciones se recuperaron (12.4 y 7.5 por ciento, respectivamente). Pero la demanda interna “mostró una dinámica moderada”.

El monto total de las remesas (744 millones de dólares) enderezó, más o menos, la inestabilidad de la economía haitiana en su conjunto y, sobre todo, constituyó una fuente de divisas en un entorno de escaso financiamiento exterior.

El voluble entorno político que perduró durante todo el año, siguió siendo determinante a la hora de influir las inversiones. Y -en segundo lugar- repercutió de manera concomitante sobre el devenir inmediato: la cúspide de la crisis política moderna haitiana.

La caótica situación reinante por casi media década tocó a su punto máximo –por así decirlo- el 29 de febrero de 2004; cuando el presidente Jean-Betrand Aristide, depuso, en medio de un clima de violencia y brutalidad de calle y hervor político alarmante, la silla presidencial ganada cuatro años antes con el 91% de los votos. Este ambiente caótico también se integró de desastres naturales ocurridos en mayo y septiembre de ese año. La poca estabilidad de la economía condujo a una declinación total de la inversión en 3%, acompañada de una merma de 5% en el consumo, con todo y que las remesas aumentaron, lo cual, hasta cierto punto, amortiguó el deterioro del poder adquisitivo.

El gobierno de transición se orientó a buscar una estabilidad macroeconómica, al menos en el corto plazo. Contrajo los gastos de administración pública, mantuvo una política monetaria restrictiva y aumentó los salarios de los empleados públicos en un promedio de 33%.

La actividad económica sufrió, en términos generales, una paralización casi completa en los meses de febrero y marzo, debido al desorden e inestabilidad del entorno económico-social y político. Se paralizó la actividad pública y muchas empresas extranjeras tenían los ojos puestos en el rumbo que estaba tomando el valor de la gourde y la mayoría decidió suspender operaciones mientras se estabilizaba la situación.

El año 2004 cerró con un producto interno bruto decreciente en tres y medio puntos porcentuales con respecto al año anterior. El PIB per capita cayó de la manera más violenta y acentuada que en el resto del período analizado (-5.25% con respecto a 2003). Todos los sectores de la producción mostraron un desempeño desfavorable, aun cuando el mango, el cacao y el café, hubieron acrecentado el valor de sus exportaciones, a la par de los productos maquilados.


6. El Salvador y Haití: un espejo de doble cara

And who knows which is which and who is who?

Pink Floyd (Us and them)


Al comparar dos economías que, en sustancia, adolecen de los mismos problemas y falencias estructurales, podemos darnos cuenta, aunque parezca obvio, que las formas globales de dichas economías carecen de un componente de sostenibilidad en el largo plazo.

Pensamos en el caso Haití, desde nuestra situación precaria salvadoreña: para 2004, el producto por habitante casi hubo de quedar estancado con respecto al año anterior (su crecimiento fue de apenas 0.04%).

En el caso de Haití, y en el mismo año, el producto por habitante experimentó una caída en (-) 5.25%, la caída más violenta desde 2000, manteniéndose la tendencia decreciente.

Sopesando el hecho de que el índice de producción por habitante expresa sólo la relación de disponibilidad de los recursos totales de un país entre el número total de sus habitantes; encontramos símiles de decadencia en ambas economías.

En primer lugar, las condiciones de vida en Haití muestran, bajo un análisis periódico, una deprecación acentuada por el sostenido decrecimiento económico, la falta de una equidad distributiva real, los conflictos raciales que se suman a los conflictos de clase y la ausencia de un verdadero mercado exterior para el principal producto industrial, siendo sustituido por un único comprador: Estados Unidos, y sobre la cual se erige la debilidad de la industria maquilera haitiana.

Por contraste, en El Salvador el crecimiento de la producción no ha significado, realmente, una mejora de las condiciones de vida. Prueba de esto es el flujo internación de la fuerza de trabajo: personas que buscan oportunidades de trabajo con remuneración mayor que las ofertadas en el país. Las remesas constituyen la piedra angular que sostiene la economía de ambos países. Ambos carecen de una diversificación de la producción suficiente para no depender del desempeño de un solo producto o sector.

En segundo lugar, en ambos casos las condiciones políticas imperantes han sido de vital importancia al momento de influir las inversiones. Es decir, se ve una clara polarización política –bastante comprensible en el caso de Haití, demasiado rayana y absurda en El Salvador- y una ausencia de confianza por parte del sector empresarial, frente a los cambios políticos. Datos de Haití sobre este fenómeno ya los hemos expuesto más arriba, en cuanto a El Salvador, los balances preliminares de la CEPAL para 2003 apuntan: “A pesar de la abundancia de liquidez y las bajas tasas de interés, la inversión privada sólo mostró un leve repunte, en cierta medida a raíz de la incertidumbre vinculada al período preelectoral”. Y más adelante: “La inversión extranjera directa, cifrada en 140 millones de dólares, se redujo con respecto al año anterior”.

Esto redunda en la disminución o estancamiento de la producción y por tanto en la capacidad de una economía para satisfacer las necesidades de todas las entidades que la conforman (familias, empresas, instituciones autónomas, etc.).

Otro paralelismo entre Haití y El Salvador es que ambos países empezaron dentro de los límites del periodo 2001-2004, a hacer esfuerzos para insertarse dentro del mercado internacional apostándole a un solo corredor: la economía norteamericana. De alguna manera esto podría mejorar las oportunidades comerciales de Haití y El Salvador, al favorecerlos en el intercambio de productos; siempre y cuando éste se base sobre relaciones acondicionadas sobre las diferencias existentes entre los niveles de desarrollo de las economías que se integren mercantilmente y que existan mecanismos eficaces de distribución equitativa del ingreso nacional.

Muy a pesar de esto, y a manera de conclusión, diremos que las fallas estructurales sobre las que se sostienen ambos países, sobrepasan la esfera de la acción económica de los gobiernos. Esto no es un estudio de economía política. Pero es importante decir que un desarrollo real sólo puede conseguirse a través de la promoción integral de todas las partes que constituyen una sociedad, algo que exige un cambio radical en las reglas del juego. Más acá de esto, el desafío económico de una sociedad que se mueve sobre la estructura de una economía de libre mercado debería apuntar hacia la transformación de la administración pública, sustituyendo la burocratización e ineficiencia por una alta capacidad para la gestión técnica; desarrollo de un sector privado con alto nivel de productividad que pueda impulsar la apertura de la economía y el desarrollo de las exportaciones; invertir en educación, salud y desarrollo público, con el fin de contar con un capital humano capaz y productivo.

Consideramos que es un desafío valido tanto para El Salvador como para Haití. Como señalamos arriba, aun con el sesgo de las especificidades que los diferencian, los rasgos en común son producto de las mismas ambigüedades del sistema económico que prima en ambos países.


7. Bibliografía

- CEPAL, Balance preliminar de las economías de América Latina; años 2001 – 2004.

- CEPAL, Revista del desempeño económico de América Latina y el Caribe; años 2001 – 2005.

- O’Gorman, Frances; Promoción humana; Varitec, Costa Rica, 1990.

- Samour, Héctor; Estudios Sociales, UCA Editores, El Salvador, 2002.