martes, 16 de marzo de 2010

Cosas varias...

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El juego idiomático en Vallejo va más allá de la preocupación por la forma. Pero, a la vez, no es asimilable a una primacía del contenido.

Pero cualquiera sea la vía, la poética de Vallejo supone una patada en el canon de la poesía modernista latinoamericana. El tránsito de Los Heraldos Negros a Trilce ya nos dice bastante de la ruptura en el ámbito de la forma, aunque no se desliga de una poética donde el elemento que prima es ésta última. Un ejemplo es el poema XIV de Trilce y aquella frase memorable:


Oh estruendo mudo!

Odumodneurtse!


En cuestión de rompimientos con el canon formal, estos versos sólo son comparables con aquel de Traspié entre dos estrellas, en Poemas Humanos:


No me busques, la muela del olvido.


Esa poética de ruptura formal esta siempre presente en Vallejo, y es siempre monstruosa, es siempre brillante. El paso de una poética intimista a una poética “realista”, de un pesimismo subjetivista a un optimismo solapado, es el hecho notable en cuestión de contenido. Por ejemplo, en Los Heraldos Negros:


Yo nací un día en que Dios estuvo enfermo,

grave.


Representa un paradigma distinto al de Poemas Humanos:


Hoy me gusta la vida mucho menos,

pero siempre me gusta vivir, ya lo decía.


Pese a los cambios, la poética de Vallejo es esencial. Es humana. Por eso no es soslayable ninguno de los poemarios frente a otro. Por eso nos conmocionan aún los versos finales de España, aparta de mí este cáliz:


Si la madre España cae –digo, es un decir-

salid niños del mundo, id a buscarla!


Pero el paradigma presente en los Poemas Humanos y en España…, no debe confundirse con una superación del Vallejo de Trilce o de Los Heraldos…

Habría que ser falso tan sólo para presentirlo. Hay una contradicción que nunca lo abandona: la esperanza de un pordiosero bajo la lluvia o el llanto de un hombre que come muertos a sus vivos. Hay que darle el beneficio de la duda: murió en París, con aguacero, un día del que ya tenía recuerdo.



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Evaristo Hernández, amigo y docente de la Facultad de Economía, publica en uno de sus blogs un artículo que escribí en las últimas semanas. Dicho artículo intenta ser una aproximación al pensamiento marxista en nuestro país, sus contradicciones y la importancia de su re-encuentro. El artículo puede leerse en el blog científico Socio-Socialismo (concretamente, en este link).



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En los últimos días el país ha presenciado una lucha de quién es Cristo, y el hombre cotidiano va y se pregunta qué sucede. Y es difícil –bien difícil- contestarnos.

La cuestión va como sigue: por unanimidad se presenta en la Asamblea Legislativa un proyecto de eliminación del cargo básico –o llámesele como se quiera- por el servicio de telefonía fija. Dicho proyecto es vetado por el presidente de la república, y el proyecto se modifica hasta convertirse en una reducción nimia de la tarifa.

C’est-à-dire: el presidente –que corrió como candidato del FMLN- se opone a un proyecto para que baje el costo de vida de los salvadoreños (por cierto, en la revisión del IPC base 2009 el gasto familiar por servicios de comunicaciones representa una partida de significativa importancia). Por el contrario, la primera propuesta fue presentada por unanimidad en la Asamblea (incluyendo, sí, a los partidos e derecha). Esto nos trae a la pregunta de si el presidente de izquierda no apoyará medidas que pongan en juego los intereses de la empresa privada (transnacional en este caso, valga la aclaración).

Como dice Aquiles Montoya: Yo ya no entiendo que putas pasa en este país.

Pero por el mismo hecho de que Funes haya sido el candidato del FMLN y haya ganado, bien merecería darle el beneficio de la duda.

Digamos que, bajo una visión economicista de la cosa, bien podríamos ensayar una justificación como la siguiente: la eliminación de las cuotas básicas por la prestación del servicio de telefonía reduciría los márgenes de ganancia de las empresas; para mantener dichos márgenes las empresas tendrían que aminorar sus costos, digamos, laborales –es decir, reducir su demanda de trabajo-, con el desplazamiento de muchos de sus empleados. Este desplazamiento significaría un aumento en el nivel de desempleo, y la caída de los ingresos de los hogares de las personas despedidas, lo que repercutirá en los niveles de consumo e ingreso (claro, asumiendo que el monto de desplazados es significativo). Bajo esta lógica –y considerando que de hecho las empresas telefónicas amenazaron en un primer momento con el despido de sus empleados- bien podría excusarse la posición del ejecutivo.

Pero la cosa no es tan sencilla y no se limita al ámbito de lo económico por sí mismo. Llega a lo político. Veamos, la victoria de Mauricio Funes fue producto de una correlación de fuerzas entre las mayorías populares y el sector privado progresista y sólo de forma mediata superó el impasse político del sector privado radical. Para mantener cierto nivel de gobernabilidad, Funes debe hacer malabares para equilibrar los intereses de las mayorías populares –que no necesariamente se ha dirigido hacia una transformación de sus condiciones reales de vida- y los de la gran empresa privada.

Esto, a mi parecer, es lo que explica la ambigüedad de la posición tomada por Funes. Es más claro aún si consideramos que Funes, en su momento, no vendió un proyecto de izquierda. Incluso en el discurso que brindó inmediatamente después de las elecciones, de lo que se hablaba era de un “proyecto de nación”. ¿Es eso malo, pues? No necesariamente. Pero es cuestionable en la medida en que el concepto de nación, como el de país, ha servido siempre como una forma de soslayar las contradicciones políticas de las clases.

¿Hay que esperar más ambigüedad? Creo que sí, por lo pronto.



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Descontando los domingos, son ya once días que la UES permanece cerrada. Como motivo se esgrime la exclusión arbitraria de los aspirantes de nuevo ingreso, la forma en que funciona el sistema de selección, la exclusión sistemática de las clases sociales menos favorecidas en cuanto al sistema de educación superior. Todo ello es válido. Y no cuestiono la legitimidad de la causa –que suena a cliché por fuerza de la repetición. Pero deslegitimo los métodos.

Lo dijo Roque Dalton: como el Partido no tiene sentido del humor, yo me compro una pistola.

Qué diablos.



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“Not only does our world lack unity; it lacks purpose and confidence.”


Lo más significativo no es la frase (tanto menos si nos acordamos de César Guzmán), sino el hecho de haber sido escrita por un tipo llamado Hacker (The anticapitalist bias of american historians, de Louis Hacker en Capitalism and the historians, University of Chicago Press, 1960), hecho que resulta –está de más decir- de lo más curioso.