viernes, 18 de junio de 2010

Algunos links...

El Equipo de Investigaciones de la ULS publica en este link sus trabajos. Por el momento hay algunos videos y un artículo de Evelyn Martínez –que además de investigadora y colega es también mi novia- sobre la investigación universitaria y el vínculo con la docencia (algunos de estos planteamientos también están recogidos en la Propuesta de Reestructuración del INVE, que elaboramos desde la AEE). El Equipo promete análisis de coyuntura nacional en las próximas semanas, por lo que hay que estar atentos.

Por lo pronto, para ser consecuente con la fiebre mundialista –o contra ella-, dejo el vínculo de una noticia sobre un juicio mercantil en contra de La Prensa Gráfica (LPG), que virtualmente estafó a una joven ganadora de uno de sus concursos allá por 1998, en ocasión del mundial de Francia. El juicio duró doce años. La noticia puede verse aquí. Lo más raro de todo es que aquí ni nos enteramos.

Por último, el post anterior fue retomado por la página de Tendencia Revolucionaria y está publicado en la misma, acá.



domingo, 6 de junio de 2010

¿Cambio de gobierno o gobierno del cambio?

El miércoles pasado se llevó a cabo el foro llamado “Evaluación del primer año de la gestión Funes” –o algo parecido- en la Universidad de El Salvador, evento que fue coordinado por la AEE y la Escuela de Economía. En general, los ponentes –Santiago Ruíz, Orestes Ortez y Nelson no-recuerdo-su-apellido (de FUNDE)– dieron un visto bueno a la gestión de Funes. El punto de disonancia fue, como lo esperábamos, la participación de Raúl Moreno. Realmente, quienes creemos en la necesidad de un cambio en la forma de hacer las cosas desde el gobierno, estamos en sintonía con la mayoría de los puntos señalados por Raúl. Especialmente me parece destacable una de sus recomendaciones: “halar el gobierno hacia la izquierda y hacia abajo”. El Salvador tiene una historia marcada por la exclusión y la miseria, por el empobrecimiento y la marginación de las mayorías. El momento para cambiar de rumbo ha llegado, yo estoy seguro de eso. Y eso sólo podrá hacerse siendo consecuente con principios radicales de izquierda.
Desde la AEE emitimos un comunicado evaluando la gestión de Funes –que fue repartido en el evento, y que puede verse aquí- y tomando una posición crítica en la medida de lo posible (dos páginas no alcanzan para mucho). Por esa misma limitante de espacio, quiero escribir mi propia versión del mismo.

Va como sigue, pues:
La gestión Funes comienza en un entorno de inestabilidad social y económica, apuntalada por un lado por la crisis económica mundial que se transmitió a nuestro país vía cuenta corriente de la balanza de pagos, y, por otro lado, por las “falencias estructurales” de nuestro sistema económico que representaban ya para 2009 una enorme carga y una terrible deuda social. Lo que muchos analistas políticos auguraban durante la campaña electoral era cierto: cualquiera fuera el partido que llegara al poder del ejecutivo, iba a tener difíciles las cosas.
Ya en el poder, Funes no dio –no ha dado, hasta el momento- muestra de ser consecuente con muchos de los planteamientos que defendió en su campaña electoral. La promesa de tomar como suyas las aspiraciones defendidas en su momento por Monseñor Romero, de ser un gobierno del cambio, de fomentar la participación ciudadana, de ir transformando las relaciones de poder, etc., no han sido más que acápites que habrá que agregar a la larga lista de promesas políticas que nunca jamás se cumplieron.
El primer ejercicio de planificación económica llevado a cabo por el gobierno –digo, el Plan Global Anticrisis- no se ha puesto por completo en ejecución a pesar de que ya faltan sólo seis meses para que caduque. El segundo ejercicio del mismo tipo –el Plan Estratégico Quinquenal- apenas esta semana ha comenzado a ser divulgado (de hecho, la ausencia de este plan causó algunos roces en el gabinete de gobierno –ya lo diré luego). El primero, a pesar de contener premisas tan validas en sí mismas como la protección social universal, adolece de partir de una concepción asistencialista del rol del gobierno, de carecer de recursos financieros para llevarlo a cabo, etc. Sin embargo, lo más preocupante no ha sido eso. Lo que más preocupa es que la mayor parte del plan no se haya ejecutado, es decir, que siga habiendo un abismo entre los preceptos teóricos y la realización de los mismos. En efecto, el cambio de discurso debería haberse traducido, digamos, en un cambio en la composición del ejercicio presupuestario actual (2010), lo cual no ha sucedido.

Gráfico 1




El Plan Global Anticrisis tenía cuatro componentes sobre los que giraba el apuntalamiento de un cambio sustancial en el desempeño económico y social del país. El primero de ellos era el apoyo a la producción, cuyo eje ha sido la apuesta por reactivar el agro y generar empleos de forma extensiva. Lo primero no ha pasado de repartir semillas mejoradas y algunos insumos agrícolas entre los pequeños productores y de establecer lineamientos que puedan facilitar el acceso al crédito. La contraparte de esto nos la da la carta de renuncia del Ministro de Agricultura, quien expresaba que la repartición de semillas tuvo un fuerte componente político, decantándose por el favoritismo para ciertos alcaldes de los partidos GANA y PCN, y que, al no contar con un Plan Estratégico, se carecía de una vía para transformar el asistencialismo en sostenibilidad de largo plazo. En lo tocante a la generación de empleos ¿no habla por sí mismo el proceso de despido llevado a cabo por las administraciones públicas a todo nivel? ¿No dice nada –yo creo que sí- el aumento de los índices de criminalidad, el sostenimiento de los flujos migratorios?
El tercer componente, fortalecimiento de las finanzas públicas, tuvo como pivote el proyecto de reforma tributaria llevado a cabo a finales del año pasado. Este tenía como propósito dotar de más y “mejores” –en el sentido de sostenibles, pues- recursos al Estado; por ejemplo, a través del gravamen al patrimonio y de algunas medidas de tributación que hubieran paliado en mínima cuantía el carácter regresivo de la estructura tributaria, además de las medidas jurídicas que tenían por objetivo disminuir el grado de evasión y elusión fiscal. El manejo que se le dio terminó por desbaratar lo poco que era salvable del proyecto. Luego de que las gremiales empresariales metieran mano, las estimaciones de recaudación para el presente ejercicio pasaron de ser de $250 a $150 millones. Y luego, ¿cómo realizar las asignaciones presupuestarias proyectadas por el gobierno –digamos en materia de inversión- para el presente año, si ya no se cuenta con los recursos suficientes para ejecutarlas?


Gráfico 2


Eso no es lo peor de todo. Lo peor es que el carácter regresivo del sistema tributario salvadoreño queda intacto; seguimos pagando más quienes tenemos menos. Además, la política de endeudamiento sigue inflando la carga de morosidad ¿del gobierno? No. Del país. Del país, porque mucha de la deuda contratada (con el BID, el BM, el FMI) se convertirá en deuda soberana que tendremos que pagar los que siempre pagamos. De hecho, estimaciones conservadoras sobre el nivel de deuda que se puede alcanzar este año señalan un cociente cercano a 112% de la relación deuda/PIB.
El último componente es el sistema de protección social universal, éste es tal vez el único que puede ser rescatable de la gestión de Funes. Ello no excluye que pueda –y deba- también ser cuestionado. Por ejemplo, es positiva la entrega de paquetes escolares y alimentos en las escuelas públicas; sin embargo, en la situación deficitaria en la que se encuentra el gobierno, debería existir un esfuerzo paralelo –que abarca más cosas que las contempladas en el proyecto de reforma tributaria- que permitiera generar los recursos para que dichos programas de asistencia social fuesen sostenibles en términos financieros. A esto hay que agregar que se han dejado de lado aspectos importantes de política laboral como lo es la revisión de los salarios mínimos: la última revisión de los mismos se llevó a cabo en diciembre de 2008. De esa fecha hasta hoy, los salarios han perdido parte de su capacidad adquisitiva, teniendo en cuenta los magros niveles que presentaban los salarios decretados en ese entonces.
Aunado a eso, el resultado es más ambiguo si consideramos también que la Ley de Medicamentos sigue sin aprobarse, una ley que podría ser un buen bastión de lucha contra el poder oligopólico que rige el mercado de medicamentos en el país.
La evaluación del primer año de la gestión Funes difícilmente puede ser positiva. Ha tenido sus aciertos, pero está más caracterizada por los errores y las deficiencias en la ejecución de las políticas públicas. Difícilmente puede creerse que éste será un gobierno del cambio cuando no existe un cambio sustancial en la implementación y en el manejo de sus políticas, mientras se siga favoreciendo el proceso de acumulación a través de dar un trato privilegiado al sector empresarial y mientras se siga implementando la misma política comercial de apertura internacional en un contexto de baja competitividad doméstica, como por ejemplo el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. Estas políticas sólo servirán como un empuje más para el proceso de empobrecimiento y exclusión de nuestro pueblo. Este no puede ser un gobierno del cambio mientras no exista un viraje en la concepción de lo económico, lo social, lo político, lo cultural. Para que el gobierno sea un gobierno del cambio falta que se dé un cambio más que cuantitativo en el desenvolvimiento económico y social del país, hace falta que se desacralice la jerarquía burocrática gubernamental, hace falta ser consecuente con las necesidades de las mayorías.
¿Hemos asistido a un cambio de gobierno o al establecimiento de un gobierno del cambio? Quienes tenemos la esperanza del cambio quizá no respondamos a esta pregunta; la lucha no se hace sólo con palabras. Para poder dar el salto que necesita este país hace falta poner los pies sobre la tierra y agacharse. Mientras no encontremos el antídoto que nos haga volar, la concentración de fuerzas debe darse abajo: el impulso necesario vendrá de ahí. De otro lugar, imposible…