lunes, 20 de diciembre de 2010

Pobrecito economista que era yo...

Anoche busqué, a petición de Eve, el ensayo con el que gané una mención honorífica –hará seis años, quizá más- en un certamen de investigación técnica para estudiantes de bachillerato patrocinado por el Banco Central de Reserva. Pero la sorpresa que recibi fue grande; primero, porque el tema del ensayo es casi el mismo del tema de mi anteproyecto de tesis; segundo, por haberme trasladado de un polo de la teoría económica hacia otro casi completamente distinto. Pero, veamos el siguiente ejemplo:

 

                                          Encuentre la diferencia 


T1: “El rol del sistema financiero en el crecimiento económico de El Salvador”.

 

T2: “El papel del capital financiero en el proceso de crecimiento económico en El Salvador”.

 

¿Casualidad de casualidades? Un adicto a Freud podrá decir cualquier cosa, lo cierto es que ese ejercicio de verse en el antes y en el después –ese después que es un ahora tan buscado- me ha puesto con un humor de Sorba, el griego. El pudor no me dejará, por ahora, poner algunas líneas de ese ensayo.

 

Más allá de cualquier cosa, la vida es una carga seductora. 

Y pobrecito economista que era yo.

Sí, burgués y bueno, espermatozoide de abogado con clientela, oruga de terrateniente…