jueves, 15 de diciembre de 2011

Respuesta a Javier Simán, presidente de la ASI

Vamos por puntos. Primero, quién haya hecho la primera iniciativa para una ley de primer empleo no deja de ser espurio. Si fue el FMLN, la ASI, la ANEP, la UES o la NBA poco importa. Importa que a pesar de ser un documento de discusión legislativa tenga falencias estructurales y que esté lejos de solventar la preocupante situación del empleo de los jóvenes. En lo personal, no me extrañaría que una propuesta como la del frente valiera tan poco: así ha sido, hasta hoy, la gestión de su política económica y social. Así ha sido de pobre, además, la implementación de una verdadera política progresista.

Segundo, cualquier puesto de trabajo creado en el país debería corresponder con los principios legales que sostiene el Código de Trabajo, pero ante todo con las declaraciones y tratados internacionales en materia de derechos humanos. Sin embargo, en la práctica la empresa privada no cumple muchos de los requisitos mínimos en materia de regulación laboral. Hay violaciones expresas a los derechos de las y los trabajadores. Un caso trascendental es el de las empleadas de las maquilas, que no pueden salir embarazadas porque les está prohibido, que reciben sueldos de miseria por una jornada cercana a las 12 horas; Súper Selectos, otra gran empresa, nunca respondió por el asesinato de Karen Yamileth Cordero Quintanilla en sus instalaciones de Mejicanos. Muchas medianas empresas someten a sus trabajadores y trabajadoras a regímenes inhumanos de trabajo (jornadas de 12 horas, prestaciones laborales precarias, sin seguridad social, etc.); en 2009, más de 260 trabajadores de Industrias Bonaventura fueron despedidos, incluyendo a todos los miembros y miembras del sindicato de la empresa, etc., etc…

Además, ¿sabe usted cuanto cuesta la canasta básica alimentaria en nuestro país? ¿sabe, por el contrario, cuánto es el salario mínimo vigente? La brecha entre el valor de los bienes de la subsistencia y el poder adquisitivo de los salarios ha tendido a profundizarse. ¿Necesitan más incentivos los empresarios e industriales, que la existencia de una fuerza de trabajo que se paga por debajo de su valor? Por favor, seamos serios. Y eso no me lo invento yo: ahí están las estadísticas mismas que los desacreditan como clase y como gremial.

Tercero, agradezco encarecidamente las observaciones sobre la competencia de la ASI para formular una iniciativa de ley. Al menos formalmente, parece que no la tiene. Es una corrección que será corregida en el texto.

Por último: coincido con que hay que generar empleo. Es fundamental y no habrá desarrollo (con esta palabra habría que precisar si necesariamente coincidimos con su definición; aunque a priori pensaría que no), no habrá desarrollo, digo, si no hay empleo. El problema es que pienso en Corea del Sur, Estados Unidos, Japón, etc., y lo que salta a la vista es que habiendo empleo tampoco ha habido desarrollo (nuevamente, ¿qué entendemos por desarrollo?). No sólo hay que crear empleo, hay que dignificarlo.

El trabajo no sólo es un producto humano, los seres humanos mismos somos productos del trabajo. En ese sentido, el empleo debe trascender el purismo económico y mercantil donde el proceso de trabajo sea también un proceso ontocreador, como dice Kosík, algo que sólo puede lograrse en un sistema económico y político diferente; actualmente el trabajo en cualquier esfera de la valorización del capital es deshumanizador.

La situación de las finanzas públicas ciertamente es precaria. Si no hay más empleo el aparato de Estado deja de percibir algunos recursos por el impuesto sobre la renta. Sin embargo, el Estado en las últimas décadas se ha privado de importantes recursos al no hacer efectivo el impuesto sobre el patrimonio, los impuestos al comercio exterior, y la grabación diferenciada de la renta. La elusión y evasión de las grandes empresas sigue siendo sustancial, lo que también recorta las posibilidades del Estado de conseguir recursos sostenibles. El carácter de la estructura tributaria es eminentemente regresivo; y la actual reforma tributaria que ya fue aprobada no parece tener los dientes suficientes para hacer de las estructura de impuestos, una más progresiva.

Con respecto a esto voy a detenerme un poco. La restructuración del sistema tributario a principios de la década de los noventa estuvo apuntalada por la eliminación de los timbres fiscales y la imposición, au contraire, del Impuesto al Valor Agregado (IVA). En consonancia con las exigencias del paquete fiscal emanado de los PAE/PEE, se eliminaron prácticamente todos los impuestos al comercio exterior. En ese entramado, la estructura tributaria se hizo: a) de base puramente nacional, b) de carácter netamente regresivo. Actualmente, el IVA genera el 49.7% de los ingresos tributarios y representa el 46.7% de los ingresos totales del Estado, mientras que la renta genera el 34.5% de los ingresos tributarios (32.4% de los ingresos totales).

La tendencia del neoliberalismo ha sido la precarización de las condiciones de trabajo de las y los trabajadores. Y no sólo eso: paralelamente, hay un proceso de precarización en todos los ámbitos de la existencia, proceso inherente a la tendencia secular del capitalismo. Así vemos como la destrucción de la naturaleza ha sido un fenómeno cada vez más acentuado y que pone en peligro la existencia humana misma (recordemos en nuestro caso, la contaminación masiva que llevó a cabo la empresa Record en cuya dirección fungía Miguel Lacayo –Lacayo es el apellido, aunque…- cuando igualmente era Ministro de Economía en el periodo presidencial de Francisco Flores).

Yo aceptaría su invitación a que hablemos sobre la propuesta de ley. ¿Aceptaría usted una invitación a platicar con niños y niñas trabajadoras, digamos, las y los que trabajan en los manglares? ¿Qué tal con la juventud excluida, con aquel sector que está sumido en la miseria, la violencia y la enajenación? Al final de cuentas, son ellos y ellas quienes deben ser sujetos de cualquier ley o política.

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