lunes, 16 de septiembre de 2013

Las lagunas morales en la izquierda


Alberto Quiñónez 

No ha sido poca ni escondida la posición de distintos grupos de izquierda sobre la problemática que se cierne sobre Siria y su pueblo. Y está bien que así sea. Las agresiones casi seguras de parte del imperio exigen una posición tajante de las izquierdas. No se trata sólo del hecho de que el ejército yankee le plante lucha a un ejército en una clara desigualdad de condiciones, sino del pisoteo de la soberanía de un país y el atropello de la dignidad de un pueblo.
La denuncia de ese orden mundial que no es más que desorden e hipocresía no puede ser diferida. Pero esa denuncia debe trascender y convertirse en lucha organizada en contra de ese orden y del sistema que le sirve de sustento; debe trascender sino quiere ser, como inofensivo cliché, nada más que una escolástica escrita en el vacío. Es la dialéctica de la crítica, que si es crítica verdaderamente, no puede sino pasar a conformar un momento de la praxis revolucionaria.
Pero esa denuncia del imperialismo debe ser radical. Es decir, no puede quedarse en la superficie de señalar las agresiones militares como las expresiones más sofisticadas de la dominación, como las más sangrientas o las más indignantes. El asesinato a sangre fría de miles de civiles es ciertamente un hecho deleznable. No obstante, los tentáculos de los imperios pueden ser más limpios y menos visibles y no por ello son menos destructivos o menos lesivos de la soberanía.
El imperialismo también tiene sus formas sutiles, como pompas de jabón –aunque no ingrávidas ni gentiles-, de explayar su poder sobre los pueblos del mundo. Formas sutiles, engañabobos. Ovejas que no son ovejas, sino lobos. Y si bien no se puede hablar de asesinatos a sangre fría, también resulta que las relaciones diplomáticas de Estados Unidos, que sus acuerdos comerciales y sus asocios, hacen huero todo resquicio de soberanía mientras amplían la explotación de la fuerza de trabajo en función de las grandes corporaciones, la expropiación de los recursos naturales, la destrucción de la economía doméstica y el sometimiento del aparato estatal.
En nuestro país, el FMLN y la bisutería oenegeísta y académica que le respalda y le acicala los callos, se rasgan las vestiduras porque el imperio reúne sus tropas para la invasión militar en contra de Siria. No obstante, son ellos mismos los que propagan la entrada del imperio en nuestro país: Asocio para el Crecimiento, Asocios Público-Privados, Acuerdos de Asociación, mantenimiento de la dolarización, profundización de la deuda con los organismos multilaterales, compromisos políticos con la embajada gringa entre otros, no son más que expresiones de ese entreguismo al imperio que hoy caracteriza a “nuestra izquierda”.
Si nuestra crítica no se agudiza, si no damos el paso hacia esa radicalidad necesaria, y esa radicalidad no se expresa en una praxis revolucionaria, anti sistema, ese terror y ese pisoteo que hoy sufre el pueblo sirio –ese pueblo con el que debe estar hoy nuestra resistencia solidaria-, esa destrucción y esa ignominia serán el camino que habremos de recorrer y sufrir en carne propia.

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